sábado, 16 de enero de 2010

Las monjitas

Texto: Jochi Muñoz
Con afectos, a Jorge Pineda. Él sabrá porqué

Personajes:

Narrador (Jochi Muñoz)
Laurita (Shakira Then)
Niña 1 (Olga Esteva)
Niña2 (Pastora Araujo)
Niño (Domingo de los Santos)
Abuela (Viena González)

Acto único

NARRADOR: [En off] Laurita, la niña más simpática y aplicada de toda la región, juega con sus
amiguitos en el patio de la casa de su abuela, a quien fueron a visitar.
Realizan ronda tras ronda, hasta casi agotar todo el repertorio de las mismas.
[Practican rondas]

LAURITA: ¡Dios, mío! ¡¡¡Abuela, abuela!!!

TODOS: [Corriendo despavoridos] ¡Ay, Dios mío!

LAURITA: [Con desesperación] Abuelita, ¿dónde estás?

TODOS: ¡Auxilio!

ABUELA: [Desde fuera] ¡Qué jaleo es ese! [Entrando a escena] Pero niños, ¿qué les pasa?
[Todos corren a refugiarse a los brazos de la noble señora]

LAURITA: ¡Ay, abuela tenemos mucho miedo! ¡¡Ese ruido, ese ruido!! ¿Será el pájaro malo?

ABUELA: [Riendo] ¡Qué pájaro malo ni pájaro malo! Son las abejas que tu abuelo Porfirio tiene detrás del tanque de agua.

TIDOS: ¿Abejas?

ABUELA: Sí...

NIÑA1: ¿Y no le pican?

ABUELA: ¡Oh, no! Él sabe qué hacer para que no le piquen.

LAURITA: Abuela, ¿y para qué abuelo Porfirio tiene esos animales ahí?

TODOS: ¡Ay, sí! ¿Y para qué? ¡Ufff!

Abuela: En primer lugar niños, las abejas no son animales, sino insectos, [Todos la miran con
atención
] pero insectos beneficiosos para el ser humano, ya que las abejas producen eso
tan sabroso y tan bueno para la salud que es la miel.

NIÑO: Mi mamá me dio miel cuando yo estaba con un poco de gripe la semana pasada.

NIÑA 2: No se dice «con un poco de gripe», se dice «con gripe».

Abuela: Sí, es muy buen remedio para algunos quebrantos, y además, muy rica para endulzar
jugos y echarla por encima a las galletitas.

LAURITA: ¡Hum! ¡Qué rico!

ABUELA: Pues, a Porfirio le ha dado con criarlas, y se ha convertido en todo un apicultor, que
es como se llama a la persona que se dedica a tener abejas para obtener mucha miel.

NIÑO: ¿Y quién prepara la miel?

ABUELA: Pues, las abejas mismas. Ellas recogen el polen de las flores, esto es, un polvito
amarillo que tienen las flores, y con éste la preparan.

LAURITA: ¿Y dónde la preparan?

ABUELA: En el panal, que es una especie de casita de cera que ellas también construyen,
y el que a su vez se coloca dentro de una casita mayor que construye el apicultor, que
es la colmena...[Señalando a Laurita] tu abuelo dice convento..., porque él está tan
encantado con sus abejas, que hasta las llama mis pequeñas monjitas. ¡Je, je! ¿Qué les
parece?...

LAURITA: ¿Las llama monjitas?

ABUELA: Sí, porque él las compara con las religiosas por lo laboriosas que son. Y hasta un
canto le ha sacado...¡¡ Óiganlo cantar!! [Se escucha la melodía a volumen bajo].
Vamos a acercarnos un poco para verlo, y de paso nos aprendemos la canción
también.

TODOS: ¡¡Sí, sí!! ¡Vamos! [Black out]

NARRADOR: [En off, y durante el black out] Felices, todos los niños miraron la colmena...
mejor dicho, a todos los conventos, ya que son varios, y se admiraron de la
destreza del abuelo para estar junto a las abejas sin que éstas le picaran. Y de
paso, se aprendieron la canción también.
[Se ilumina la escena]
[Aparecen todos tocando y cantando la canción. A la vez, una abejita (un
títere de mano manejado por la abuela) revolotea sobre ellos
]

Fin
Santo Domingo, República Dominicana
28 de octubre del 2003


El texto anterior constituyó una práctica de la asignatura Las artes escénicas, la expresión musical y la danza en la educación artística. Una propuesta metodológica, partida por la Prof. María del Pilar Domingo, en el Diplomado de en Educación Artística, cursado en la Universidad Católica Santo Domingo. Santo Domingo, Rep. Dominicana. 2003.

La asignación consistía en dramatizar un cuento que debía, a su vez, estar inspirado en una adivinanza. Ésta última tenía, también, que ser musicalizada. El equipo de trabajo estuvo compuesto por Domingo de los Santos, Olga Esteva, Pastora Araujo, Shakira Then,Viena González y Jochi Muñoz.

La adivinanza en cuestión era:
Un convento muy cerrado
sin campana y sin torres
y con muchas monjitas dentro
haciendo dulce de flores.
(La colmena y las abejas)

Fuente: Boogs, Edna Garrido de. Folklore infantil de Santo Domingo. Santo Domingo.
Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Inc. Editora de Santo Domingo. 1980; p. 557.

El elemento es el número 436 de la publicación, y el informante que le suministró el dato a la Sra. Boogs, fue el Sr. Gerineldo Féliz, de Padre las Casa, provincia San Juan, en 1948.








sábado, 9 de enero de 2010

Los teatros del mundo

Quise que el primer post de 2010 fuese este estupendo texto de uno de los más connotados maestros del teatro actual: Eugenio Barba*, debido a la poca circulación que el mismo tuvo en nuestro país. Considero que este material debe ser leído y asimilado por todos nuestros artistas de la escena, ya que del mismo resalto lo planteado por el autor concerniente a los verdaderos orígenes del teatro actual y a la manera como esos hacedores teatrales de entonces vencieron las constricciones que el medio les imponía. Constricciones que aún hoy siguen ahí, y a las que, emulando a aquellos, tenemos que darle la cara.
Para ser un post, constituye un texto relativamente largo, pero si nos armamos de valor, puede ser leído en varias sesiones de lecturas, y así, de paso, entran a mi blog varias veces.


*Eugenio Barba, director y fundador del Odin Teatret. Autor de importantes textos de antropología teatral.
El texto fue publicado en la revista de artes escénicas: El monstruo del entremés. (Lo que parió el Bobo). No.1. Año.1. Septiembre 2003; pp.22-31. Santo Domingo.


Los Teatros del Mundo

Conferencia dictada por Eugenio Barba el 17 de octubre de 2001, en la Sala de la Cultura del Teatro Nacional, durante el III Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo. Grabación: María Castillo. Transcripción: Jochi Muñoz



Existe siempre una discrepancia entre dos dimensiones que me rodean y que constituyen las referencias que me ayudan a orientarme en cada situación, cada día, en cada elección. Una es la dimensión de lo que yo sé, lo que pertenece a mi experiencia, mi mente, cuerpo, espíritu, alma..., el condensado de circunstancias y constricciones en mi vida, las maneras como las he solucionado.
La otra dimensión es la de lo que se sabe, lo que generalmente se lee en los libros, lo que es el conocimiento común y generalmente compartido que nos permite establecer diálogos y conversaciones, enfrentamientos y discusiones, análisis, juicios y separaciones. Por ejemplo, se habla siempre del teatro, el teatro, el teatro, el teatro..., eso es lo que se sabe.
Lo que yo sé, es que el teatro no existe, es una generalización. Existen los teatros. Toda mi experiencia me indica que las manifestaciones espectaculares que caracterizan nuestras sociedades tienen no sólo estructuras diferentes, públicos diferentes, técnicas diferentes, objetivos diferentes, preparaciones diferentes, sino que también el valor que se le da a esas diferentes maneras de construir esa situación social, que es el encuentro entre una o algunas personas, que llamamos actores, y una o más personas, que llamamos espectadores, tienen también valores diferentes.

Entonces, ¿por qué siempre hablamos del teatro?, ¿por qué continuamos hablando del teatro latinoamericano?, ¿porqué hablamos de la tradición del teatro europeo?, ¿porqué continuamos con esa mentira o esa ilusión o esa forma de entropía mental? , cuando esto no corresponde para nada a nuestra experiencia.

Entonces, uno tendría que hablar de los teatros. Y es posible hablar de los teatros, es decir, de algo que yo conozco sólo de manera parcial. En la performance, el concepto mismo de representación está anulado, lo que es fundamental es la presentación directa en primera persona, sin el filtro del personaje, presentarse, sin pasar por esa fase que caracteriza nuestro oficio: la construcción, no sólo de signos simbólicos, cognitivos, asociativos, sino también la composición de toda una corriente de señales biológicas, que constituyen la especificidad de nuestro oficio a diferencia de espectáculos como la televisión o el cine. Entonces puedo hablar de ese tipo de teatro específico, la performance.

Puedo hablar, por ejemplo, de la cantidad de manifestaciones espectaculares de África. Porque este continente es uno de los lugares donde hay más teatros, sólo que casi nadie en Europa o en las Américas se ocupa de lo que está pasando, porque estos teatros presentan aspectos culturales y didácticos que no coinciden con los criterios de juzgar el oficio de los euro-americanos.

En Occidente el factor artístico (que es algo diferente de lo cultural) es muy importante. Los teatros son sobre todo analizados y evaluados como manifestaciones artísticas que deben presentar algunos rasgos particulares: el de la originalidad, de una coherencia técnica, de una calidad estética, de una competencia en la organización de lo que llamamos dramaturgia.

Esos rasgos pueden estar presentes pero non caracterizan las manifestaciones teatrales de los teatros africanos. Allá lo fundamental es a menudo una situación dramática o grotesca cuyo núcleo es una información simple, sencilla: cómo hervir el agua para evitar la diarrea a los niños, cómo utilizar prácticas preventivas para no ser contagiados con enfermedades como el SIDA. Es interesante constatar, cuando uno lee sobre teatro africano, la cantidad de iniciativas y compañías que se han desarrollado en los últimos años y donde la autonomía económica depende a menudo de las ONGs , las organizaciones occidentales no gubernamentales, generalmente del Norte de este planeta, que tienen proyectos humanitarios. Esas organizaciones financian las compañías de teatro, porque están interesadas a que su ayuda material sea acompañada también con intervención cultural que cambie la manera de pensar de la gente. Los actores y directores utilizan una forma de interculturalismo, o mejor de intertribalismo, porque mezclan y conjugan formas de danzas, de ceremonias y de cantos que provienen de muchas tribus que, aún viviendo entre los limites de las mismas fronteras nacionales, tienen costumbres culturales diferentes, a veces opuestos. Es una de las paradojas de la descolonialización.

Cuando en África acontece el movimiento de independencia, de pronto las grandes personalidades como Nkrumah o Nyarere en Ghana y en Tanzania, comienzan a hablar de algo que nunca había existido en ese continente. Ellos se refieren a la nación ghanesa, a la nación tanzaniana. Ghana era una invención de los colonizadores. Sentados a la mesa ingleses, franceses, españoles, portugueses, italianos y belgas se repartieron el África, a veces, ayudándose con el fusil, a veces con la diplomacia. Lo que hoy es Ghana, es un territorio que reúne muchas tribus con idiomas, religiones, costumbres y rasgos genéticos distintos, y casi cada día, si uno lee periódicos que tienen corresponsales en África, se entera de tensiones, enfrentamientos y muertos entre ellos. Algunas de las más sangrientas guerras civiles y genocidios han ocurrido en este continente, como en Ruanda.

Pero cuando los protagonistas africanos de la lucha de independencia deciden construir una nación, aplican criterios y experiencias típicamente europeos. Fue en Europa donde nació la idea de nación, o las categorías de arte y teatro nacionales que hoy son las que dominan en todo el planeta. Así, sin tomar consideración las expresiones espectaculares y de danza de las culturas de su “nación”, los nuevos lideres crean artificialmente un “teatro nacional” según el modelo que los europeos inventaron en el Renacimiento.

Que una cosa es cierta: el teatro europeo no tiene su noble origen en la gloriosa ciudad de Atenas, la única en toda la Grecia en practicar esa particular forma de expresión político-cultural que se llamaban tragedia y comedia.

El teatro atenienses era una manera de modelar y presentar una cierta visión del mundo a los ciudadanos, como ejemplo de reflexión. Tenemos que recordar que no hay una sola tragedia griega que enfrenta problemas de la polis, de la ciudad de Atenas. Siempre los temas se refieren a otras ciudades, como Tebas, la eterna enemiga de Atenas, o a los “bárbaros”, los orientales.

No es acaso que Dionisos es un dios perturbador que viene del Oriente, como tambien de estas regiones llega Medea; ni es acaso que la única tragedia en relación a la historia de Atenas, Los Persas, trata de un pueblo que no es civilizado como Atenas. Porque, ¿Cuál es el gran orgullo de Atenas? Es, que por primera vez en la historia de la humanidad, la manera de gobernar de los seres humanos en una comunidad, no depende ni de un monarca, ni de un rey omnipotente, ni de una oligarquía, sino de un gobierno elegido por el demos, el pueblo. Todos los hombres, no las mujeres ni los esclavos, porque en ese tiempo ellos no contaban, pero los hombres libres sí se reunían y por primera vez en la historia de la humanidad hay una verdadera revolución . Ese es la peculiaridad y el orgullo de Atenas.

Es interesante resaltar el detalle de que los textos de las tragedias griegas en sus orígenes no se escribían, sino que se aprendían de memoria, pasando de generación a generación. Los actores podían cambiar el texto, o improvisar alrededor del mito; era muy libre. Había un mito, que en griego significaba cuento, historia, y los espectadores valoraban la manera como el escritor lo interpretaba, es decir, inventaba una nueva variante. Así, por ejemplo, Antígona, que ha quedado entre nosotros en la versión de Sófocles, nos muestra a esta joven mujer defendiendo noblemente el derecho de sepultar, simbólicamente, a su hermano. Eurípides también escribió una pieza sobre Antígona que no nos ha llegado. Sabemos como trató él ese mito. Antígona se casa al final con el hijo de Creonte, en una versión “happy end”, que parece burlarse del concepto de tragedia.

Para nosotros, hoy día, los mitos griegos se presentan como situaciones enigmáticas, problemáticas, a menudo incomprensibles. Son acontecimientos que tuvieron lugar in illo tempore, en un tempo mitológico, fuera del horizonte de la historia que se puede estudiar, de acontecimientos que han ocurrido realmente. Además casi todas las tragedias y comedias atenienses se han perdido, sea los textos como el conocimiento de cómo los actores las interpretaban. Ignoramos casi todo de la tradición teatral griega que ha desaparecido.

En Europa, durante la Edad Media, no existían espectáculos que interpretaban textos. Todavía existía una gran espectacularidad. En las iglesias o frente a las catedrales había espectáculos. Eran parecidos a los que a veces se pueden ver hoy en las calles de Caracas, o de la Ciudad de México, o de Calcuta: ceremonias religiosas. Había hombres y niños que practican juegos, hacían malabares, eran saltimbancos o titiriteros; es decir, había una gran riqueza de formas espectaculares primarias. Pero no había eso que nosotros hoy llamamos teatro, o sea, textos interpretados por actores y edificios donde esto pasaba. La plaza frente a la catedral, las calles, cualquiera espacio al aire libre era donde esos actores construían sus actuaciones basadas sobre una dramaticidad elemental.

En 1459 los turcos conquistan Constantinopla, la metrópolis que conservaba la tradición latina y toda su riqueza de cultura griega. Hay un montón de griegos, y entre ellos muchos intelectuales, que escapan y se refugian en los países cristianos de Europa. Italia acogió muchos de estos exiliados que estimulan práticas y debates teológicos, filosóficos y artísticos. Una pregunta comienza a circular:¿Qué es el teatro? ¿qué era el teatro de los griegos? Intelectuales, ricos burgueses, mercantes y nobles se reunían en círculos que llamaban “academias”, donde disertaban sobre la tragedia griega, se aplicaban en escribir piezas según el estilo clásico, intentaban comprender si los actores cantaban o declamaban el texto, cómo actuaban o danzaban. Ponían en escena sus obras, en las que algunos de ellos se vestían de mujer para interpretar los papeles femeninos con el deseo de restituir a la vida los modelos ideales que ellos ignoraban. De esa aparentemente inútil pregunta de cómo era el teatro griego, se desarrolla en las academias una práctica que se vuelve una de las fuentes del teatro profesional europeo. El mito de regresar a los orígenes y reconstruir la tragedia griega genera una forma teatral y un modelo de espectáculo totalmente nuevos y originales.
Además de los burgueses y aristócratas italianos que jugaban a arqueólogos teatrales, estaban también los actores anónimos que vivían como saltimbancos y malabaristas; elementos sociales que escapaban al rígido control de la sociedad feudal. En la nueva fase histórica de ruptura y innovación del Renacimiento, representaban el elemento anárquico, inquieto, nómada, quienes se sentían en casa en cualquier lugar, conscientes de su capacidad de golpear la atención del espectador y de la posibilidad de lograr una ventaja económica de este “arte” (arte en italiano significaba en ese tiempo “oficio”, de aquí el nombre de commedia dell’arte de la primeras compañías profesionales).

Estos hombres, y después mujeres, crean sorpresa, fascinación y escándalo cuando suben al escenario. Establecen el pago de una entrada al espectador. Es en Roma que aparecen las primeras actrices. Eran las si llamadas “prostitutas honestas”, mujeres que además del oficio más antiguo del mundo, eran hábiles en cantar, tocar instrumentos y, sobre todo, improvisar monólogos o diálogos según las reglas de la oratoria y retórica de ese tiempo. Eran parecidas a las hetairas griegas de la época de Pericles y Sócrates, o a las geishas japoneses. Los cardenales, los obispos, los nobles y los ricos mercantes las invitaban a banquetes y fiestas en sus palacios. Estas mujeres especializadas en “exhibirse” y, al mismo tiempo, en excitar los sentidos de sus observadores (despertar un deseo sexual), son uno de los factores importantes en el éxito de la profesión del teatro y de su respectiva condenación de la parte de la Iglesia católica.
Estos son los orígenes del teatro europeo: el intento de reconstruir el glorioso modelo del teatro de Atenas; la capacitad de hombres de desarrollar sus habilidades circenses en una profesión técnicamente sofisticada; la participación de mujeres en esta profesión que le permiteían vivir una situación de libertad y emancipación, aunque precaria. El teatro nace con una vocación de aventura, de nomadismo, realizando aspiraciones de libertad individual, después del largo período de “esclavitud” en Europa, donde todos, a la excepción de los nobles, tenían que quedarse de por vida en el lugar donde habían nacido.

Pues yo cuento todo eso, para entender cuán esencial es la compresión de nuestros orígenes profesionales. Ustedes también, a pesar de que algunos tienen piel morena, otros piel amarilla o blanca, a pesar de su biografía e historia particular…, todos son nietos y nietas, profesionalmente hablando, de este modelo de teatro que surgió de la reconstrucción arbitraria de una manifestación cultural de esa pequeña ciudad imperialista que era Atenas; y de otro lado, de ese fermento de hombres y mujeres que a través del oficio del teatro podían vivir una apariencia de libertad. Era, sin embargo, un oficio basado en el comercio. Siempre el teatro (hablo en singular, porque hasta el siglo XX hay sólo un modelo de teatro) fue una empresa económica, con las raras excepciones de los reyes que se permitían el lujo de pagar su propia compañía. Pero las otras compañías dependían del público, de su capacidad de llenar la sala para poder comer. Por esto, el valor de entretenimiento era fundamental. Los actores no hablaban de búsqueda, de avant-garde, de experimentación, tampoco de arte o cultura. Se preguntaban con angustia “¿cuántas entradas hemos vendido esta noche?, ¿cuánto dinero vamos a compartir?” Estas eran las condiciones que regían la vida de la gente de teatro hasta el final del siglo XIX.

Estas circunstancias han determinado una manera particular de entrar en el oficio. Las compañías son nómadas, no están atadas a un lugar fijo. Los niños nacen en el interior de esas compañías; comparten la vida errante de sus padres y aprenden, desde la niñez, por observación e imitación. Exactamente, como en las tradiciones clásicas asiáticas, ya a los pocos años suben al escenario guiados por sus familiares, atravesando su proceso de aprendizaje por etapas:
1- observación
2- imitación
3- asimilación
4- personalización
Es, exactamente, el proceso o la manera de aprender de los artesanos, que todavía existe hoy en algunas profesiones y que nadie pensaría cambiar. Para un cirujano, por ejemplo, a pesar de los libros que pueda leer, es fundamental estar al lado de un doctor que tenga más experiencia; debe observar como opera, copiar e imitar lo más posible su habilidad, asimilarla y personalizarla. A nadie le vendría bien ser el paciente de un cirujano que quiere experimentar. Imaginase pilotos con imaginación y creatividad que comienzan a “buscar”. Uno tiene que aprender durante muchos años de esa manera: observando, imitando, incorporando y personalizando.
La necesitad de producir rápidamente para variar el repertorio y atraer a los mismos espectadores, tuvo como consecuencia una división del trabajo. Los actores se especializan en un papel. La especialización permitía de realizar cambios veloces, y preparar (escribir y estrenar) un espectáculo en pocos días. Los actores se concentran en un único rol: la ingenua, el romántico, el galán, el viejo. Piensen ustedes en las piezas de Shakespeare y compárenlas con los papeles fijos de la Comedia del Arte. En Hamlet hay un anciano, Polonio que es un verdadero Pantalone; el protagonista es un joven romántico; la ingenua se llama Ofelia. Pero, ¿qué significa especializarse? Significa que cuando un actor trabaja con el papel de anciano, por ejemplo, y recuerda a los demás que él ha observado en el mismo papel, recordará también las diferentes maneras con las cuales fu presentado y las matices que lo caracterizaban: físicamente disminuido o, al contrario, con una gran fuerza; impulsado por urgencias sexuales; hipócrita o avaro; suave o colérico, Opuestos matices que podían convivir generando un comportamiento sorprendente a través de un montaje con muchas facetas.
Para los actores de los siglos XVII, XVIII y XIX, la composición de un rol se basa sobre la contiguidad, juntando elementos heterogéneos. Si eso no funcionaba para los espectadores, al día siguiente podían tomar otros elementos de esa gran gama del comportamiento que ellos tenían a su disposición, y recomponían el personaje. Eso ha sido, más o menos, la cultura teatral europea que también se expandió por Norteamérica y Sudamérica: actores especializados en determinados papeles, con una gran capacidad de improvisación, es decir de variación. Esta variación contaba con una gama de estereotipos y clichés, que el tiempo y la práctica fueron destilando porque gustaban a los espectadores.
A excepción de algunos actores excepcionales que se volvieron como mitos en la historia del teatro europeo, la mayoría se basaba sobre la rutina y esa cultura del estereotipo que funcionaba.
El teatro era el único momento que rompía esa inmensa monotonía de duro trabajo y obscenidad de dolor que era la vida de la gente de ese tiempo. ¿Se imaginan lo que significaba la llegada de una compañía de teatro? Era la irrupción de la fantasía, del sacudimiento del orden y de la jerarquía social, de la experiencia de otro universo tan lejano de la brutalidad y la fealdad cotidianas.
Es interesante leer, por ejemplo, las crónicas de la colonia. Hay un libro de Maya Ramos Smith, una teatróloga mexicana, que reconstruye la vida teatral de la Ciudad de México al tiempo de los españoles. La ciudad no tenía iluminación, no había asfalto en las calles, sólo lodo. Uno de los pocos lugares donde había luces, es decir, velas, era el teatro. No sólo había una profusión y riqueza de esplendor literal, sino que sobre el escenario el espectador tenía la oportunidad de ver actores con trajes de lujo que sólo los aristócratas y los ricos podían permitirse. El texto, re-elaborado por los actores, hacían continuas alusiones pérfidas a las circunstancias locales. Y sobre todo estaban las actrices, que se comportaban como si actuasen para cada uno de los espectadores. Hay descripciones que uno tiene que conocer para entender el valor de nuestro oficio, a pesar de que estaba hecho por personas que utilizaban clichés y estereotipos, y que artísticamente no tenían la originalidad de muchos artistas de teatro de hoy día.
Este modelo de teatro, con su modelo de comportamiento sobre y fuera del escenario, entra en crisis al final del siglo XIX. Muchas fueron causas, entre éstas, el progreso. La utilización de la iluminación a gas y eléctrica revela toda exageración y gesticulación excesiva, necesaria cuando las velas no permitían ver bien. Se presenta también la obligación de enviar los niños a la escuela. Eso significa que los actores no pueden viajar con sus hijos; deben dejarlos en un lugar teniendo que pagar por ellos, o deciden abandonar la vida ambulante, buscando otras maneras de volverse sedentarios. De esta manera los niños ya no son introducidos de forma pragmática y gradual en la realidad del oficio desde sus primeros años, sino, que las nuevas generaciones de actores se forman en escuelas de teatro. Antes el oficio se aprendía imitando a los maestros a través de una ósmosis lenta. La escuela teatral pretende enseñarlo de manera rápida y sistemática fuera de la práctica profesional.
El ferrocarril cambia la velocidad de circulación y desplazamiento de las compañías teatrales, pero también de los espectadores. Fermentos y movimientos políticos, sociales y artísticos sacuden la Europa en este periodo. Las piezas de algunos escritores como Ibsen, Strindberg, y sobre todo Chéjov sorprenden, además de sus temas, porque no pueden ser presentadas según los roles preconcebidos. La introducción de la convención naturalista sobre el escenario, constituye una verdadera carga de dinamite. Nunca, en ningún teatro de cultura alguna, se había pensado en representar a través de la presentación escénica, la vida cotidiana. La aparición de los movimientos del simbolismo, dadaísmo y futurismo se junta a la revuelta de algunos actores contra el modelo anticuado de teatro.
Eleonora Duse, la grandísima actriz italiana, tuvo una gran influencia sobre los reformadores. Craig, Stanislavsky, Meyerhold la consideraban una pionera, una artista consciente de los aspectos deletéreos y la rutina mezquina del oficio, la cual había anticipado la visión de un teatro de artistas. La Duse no escribí libros teóricos o técnicos, trabajaba dentro del sistema del teatro que hemos mencionado, pero en sus cartas y con su comportamiento expresa su insatisfacción, llegando hasta afirmar que los actores debían morir de peste para poder esperar en una regeneración del teatro.

Gordon Craig, joven actor que tenía frente a sí un gran éxito y carrera, de pronto deja todo eso y comienza a escribir sus visiones sobre un arte del teatro y la presencia de un nuevo creador: el director. Es la primera declaración explicita sobre una nueva competencia: la puesta en escena. El director, que se manifiesta al comienzo del siglo XX, se vuelve el responsable que coordina y funde los múltiples resultados de los ensayos en una entidad orgánica con un sentido coherente. Hoy hay diferentes tipos de directores; algunos que trabajan siempre con los mismos actores y otros que viajan de conjunto en conjunto, algunos son también pedagogos y otros tienen colaboradores especializados para solucionar problemas con los actores. Pero todos tienen en común el derecho de decidir lo que se va a hacer, lo que va a ser presentado a los espectadores. El director es la persona que tiene la última palabra.
Craig, Stanislavski, Meyerhold fueron actores que se volvieron directores, que en su renovación del oficio, con la invención de una nueva pedagogía teatral y de una presencia contundente del teatro en la sociedad (su función social), descubrieron el valor del teatro. Este valor se manifiesta en el momento que el teatro supera el espectáculo, esto es, su dimensión efímera, y accede a una dimensión política, didáctica, estética, moral, metafísica, de reflexión sobre la condición existencial o social del individuo. Sólo si el teatro tiene otro objetivo más allá del mero espectáculo, sólo si logra continuar a existir en los sentidos y en la memoria de los espectadores después del tiempo de entretenimiento y seducción del espectáculo, sólo en esa situación el teatro adquiere un sentido superior, una transcendencia.
Uno podría hablar de una generación de actores que son los grandes reformadores, que inventan una metafísica en el teatro. Y cuando hablo de metafísica no pienso en algo que está en los cielos, pienso en algo que literalmente está, hablando en términos aristotélicos, después de la física; lo que no es físico.
Lo mismo sucede con esa gente de teatro. El espectáculo es el mundo físico; más allá del espectáculo hay una metafísica; esa nebulosa de impresiones, asociaciones, emociones, desorientaciones, algo intangible, a menudo saturo de contrastes que queda y trabaja en esa parte que vive en exilio en lo más profundo del espectador, de cada uno de nosotros. Es difícil explicar cómo vive y se arraiga un espectáculo en los sentidos, en las grietas secretas de cada espectador, en las trazas que las circunstancias han dejado en nuestros cuerpos-espíritus.
Este es el gran momento que ve surgir el teatro moderno, nuestro teatro. Vuelvo a repetirlo, nuestro origen no son los griegos, ni los atenienses, ni los italianos que intentaron reconstruir la tradición griega, ni los actores de la comedia del arte. Nuestro origen son esos actores en revuelta que a menudo provenían del teatro aficionado, como Antoine, Stanislavsky, Vakhtangov. Algunos de estos reformadores trabajaban sólo con actores aficionados.
Son rebeldes inquietos y competentes, cada uno con su necesidad personal, con su herida secreta. El teatro, nuestro teatro, nace porque hay personas heridas, y a través del oficio intentan curarla. Comienzan a construir un teatro limítrofe, una práctica paralela. No intentan luchar desde el interior del sistema teatral existente; ellos se alejan y construyen al lado. Si leemos con atención la historia del siglo XX, veremos como se construye algo que antes nunca tenido ese nombre: teatro de arte, teatro libre. El primer teatro libre es una sala en París donde presentan, gratuitamente, piezas de nuevos dramaturgos. En el curso de tres años ese teatro libre va a tener docenas de copias por toda Europa.
Y después el otro término: Teatro de arte (el nombre que Stanislavski habia dado a su nuevo conjunto), quiere indicar que su actividad se separa de esta parte del oficio cuya finalidad es el mero y puro entretenimiento. Un teatro de arte tiene otro objetivo: una metafísica, con una visión que va más allá del espectáculo. De aquí surge la necesidad de un nuevo actor que pueda encarnar este ideal de un teatro que intervenga en la sociedad y sacuda cada espectador a nivel emotivo, intelectual y espiritual.
Cuando Stanislavsky comienza a trabajar sobre su sistema no es porque él, en abstracto, considera que es importante que todos pasen por ese tipo de aprendizaje. Es porque él mismo tiene un problema como actor, de no ser capaz de mantener la autenticidad de un flujo creativo durante todo el espectáculo. El tiene problemas, y busca como solucionar esa sensación de ruptura de una línea interior que condiciona y justifica cada acción sobre el escenario. De este problema personal se desarrolla el trabajo y la busqueda tan detallada de Stanislavsky, que duró toda su vida.
Cuando Meyerhold comienza su trabajo en los años ’20 habla de biomecánica, habla de algo que tiene que ver con el bios, la vida y la mecánica, es decir, la parte de la fisica que estudia el movimiento. Para un actor es fundamental saber cuáles son las leyes del movimiento en la vida, pero en la vida escénica, no en la vida de cada día. Y esto, que de un lado, Stanislavsky llama organicidad, y del otro, Meyerhold, biomecánica, es una de las grandes búsquedas de los dos reformadores del teatro del siglo XX, y de las múltiples culturas teatrales o pequeñas tradiciones que se desarrollan desde ellos.
La verdad es que el teatro moderno coincide con el nacimiento de estas pequeñas tradiciones. En sus orígenes hay un tótem, un artista que era una personalidad herida, capaz de tener una visión y conformar las herramientas técnicas y artísticas requeridas para dar vida asa visión. Muchos de ellos pagaron un alto precio su rebelión: Meyerhold con la tortura; Stanislavski con la isolación; Brecht con el exilio; Artaud con la locura. Pocos reformadores vivieron su vida de manera armoniosa. En los libros de teatros sí ocurre; nos los presentan como si ya vivieron el gran éxito disfrazando la continua lucha contra todo el medio teatral, contra la manera de pensar y hacer teatro en su tiempo.
Esas pequeñas tradiciones son en lo que nosotros tenemos que pensar ahora que comienza el tercer milenio. Sólo un ingenuo puede imaginar que puede hablar de los teatros en ese futuro al acecho. Yo me propuse de compartir mi reflexión sobre el futuro, mirando a revés ¿Qué me enseña el pasado? Que hay algunas informaciones que en realidad son desinformaciones. Es mi obligación luchar para descubrir lo que yo sé distanciándome de lo que se sabe.
En el siglo XX tenemos esas pequeñas tradiciones que comienzan.Tenemos que intentar comprender sus historias, sus peripecias, sus tragedias y victorias. Cada uno de nosotros, ya sea en una gran metrópolis europea o en una isla caribeña, se enfrenta a la misma condición existencial, al nivel del oficio: De entender qué significa exactamente la palabra teatro; de entender cuál es el sentido mudo de éste oficio que hemos escogido siguiendo fuerzas oscuras que nos dirigen, hasta el enfrentamiento con un espectador, en lugar de elegir una profesión útil: doctor, abogado, piloto...
Cuando yo pienso en mi tótem, cuando yo pienso en lo que constituye mi patria profesional, no pienso, extrañamente, en categorías geográficas, no pienso en Europa. Como viejo marxista me doy cuenta que las condiciones económicas y materiales influyen y deben ser tomadas en consideración. Mis totems, esas personas queridas, me indican otra cosa. Sí, hay constricciones, cada uno de nosotros trabaja en constricciones, y esas constricciones son idénticas en cualquier lugar del mundo. No sólo para uno que no tiene nada, para un joven que entra en un grupo sin dinero, sin sala, sin reputación, sin experiencia, sin aprendizaje, sino que esas constricciones están también presentes para quienes trabajan en esos mausoleos que son los grandes teatros, que tal vez tienen mejores posibilidades económicas y materiales, pero tienen constricciones de tiempo, de producción, de interés de política cultural o simplemente política.
Sólo si tu eres aficionado te puedes permitir el lujo de preparar tu espectáculo durante tres, cuatro, o cinco años. El aficionado ya tiene la autonomía económica por otra profesión; entonces, puedes utilizar todo el tiempo que quiera
Otra constricción es el tipo de colaboradores que encuentras. Tú tienes una idea como director, y tus actores son formados de una cierta manera, y no hay teorías ni autoridad que puedan hacer volar a un elefante.
Los directores de un teatro comercial o nacional, a pesar de poder garantizar un sueldo y tener mejores condiciones materiales, se enfrentan a constricciones. Pero esas constricciones las tenían también los reformadores, los heridos, y, ¿cómo las solucionaron ellos? Eso es muy importante cuando nosotros pensamos en el futuro, en las constricciones con las cuales nosotros vivimos hoy. Debemos comprender qué hicieron ellos en un período cuando el arte teatral no existía, cuando la palabra arte no se asociaba al teatro, y este oficio era entretenimiento vulgar o una forma escondida de prostitución.
Lo que los reformadores nos enseñan, es que ellos fragmentaron las constricciones. Ellos no las tomaron en cuenta, ellos simplemente las destrozaron. Tomemos el caso de Stanislavsky, el grande; su primera generación de actores era extraordinaria. Vinieron a él, cómplices de una aventura artística dándose cuenta que ya estaba cambiando la historia del teatro. Estos mismos actores no van a seguir a Stanislavsky cuando éste quiere ir más allá. Entonces qué hace Stanislavsky? Él no intenta cambiar su teatro; él se construye algo al lado: son los laboratorios. Él se construye esa estructura que le permite educar o dar espacio, vida, coraje, experiencia a algunos rebeldes que van a rebelarse también contra él. Esa es la grandeza de Stanislavsky. Esta es su primera lección que todos, en el Caribe o en Holstebro, tenemos que recordar. Que tú no tienes que luchar con las constricciones; tú tienes simplemente que ignorarlas y construirte algo paralelo. No puedes estar dentro de las constricciones y al mismo tiempo esperar que éstas se caigan por sí mismas.
Crear una estructura paralela significa pensar en categorías de organización. La organización fue algo que siempre caracterizó a nuestro oficio. Las compañías teatrales que eran nómadas, que viajaban, que llegaban a un lugar casi cada día, o cada semana, eran guiadas por actores. No había un director de giras, no había celulares, ni había Internet. Había un actor con más experiencia, que sabía organizar no sólo la vida y la dinámica de la compañía, sino también todas las relaciones con las personas de afuera, con el público, con los propietarios de sala, con los representantes de la autoridades. La organización fue siempre una parte integrante de la rutina de nuestro oficio, tenida en mano por actores. Al mismo tiempo, él (ese actor de más experiencia) tenía la última palabra, era el director, y, a menudo, sabía también escribir, era dramaturgo.
Claro, uno podría decir “sí, pero hoy hay subvenciones, el mundo ha cambiado”. No, no es verdad. Lo que ha cambiado es la facilidad de caer en la trampa de las ilusiones. Pensar “hoy es posible dialogar con el Estado o con el Ministerio de Cultura; ¿y por qué no tener esa ilusión?” Hay tantas ilusiones.
La verdad es que debemos construirnos una fortaleza artística independiente, una estructura y una organización paralela, y a través de nuestra actividad con esa llegar al Estado, a un Ministerio de Cultura, o a una fundación mecenas. Debemos dialogar como San Marino dialoga con los Estados Unidos. Si el embajador de San Marino llega a la Casa Blanca, el presidente de los EE. UU. tiene que acogerlo a pesar de que aquel es el estado más pequeño del mundo, y sin fuerza económica y militar.
Hay que saber construir un teatro paralelo cuyos múltiples niveles de organización reflejen la complejidad de una verdadera cultura: desde la pedagogía hasta la creación artística; desde las normas internas de comportamiento hasta las normas hacia el exterior; desde la capacidad de actividades dirigidas hacia los miembros del grupo o compañía hasta las diferentes iniciativas hacia el medio exterior. Un organismo teatral debe ser cultura y no subcultura. Un grupo que hace un espectáculo no puede tener la fuerza de dialogar. Un grupo debe saber desarrollar una organización, poseer una cultura suya, es decir: 1) ser consciente de sus propios medios técnicos; 2) saberlos transmitir a otra generación; y 3) elaborar algunos valores que son fundamentales para la reflexión sobre sí mismos y para las normas de comportamiento.
Si esos tres elementos que caracterizan una cultura no están presentes, cualquier estructura teatral, grupo, compañía, teatro nacional, teatro comercial, es una ameba. Son elementos anémicos que viven estrangulados, agarrotados por las constricciones. Si hay algo que los heridos nos han enseñado, es que el teatro puede estar libre de las constricciones, ser un espacio de libertad. Eso no significa vivir en un estado de facilidad o de falta de obligaciones y responsabilidades. Al contrario, debes tener en mente el rigor de las constricciones existenciales y profesionales, empeñarte cada día para no ser devorado por esas.
Pensar en el futuro de los teatros significa inventar un organismo paralelo cada día, en soledad o con un número restringido de colaboradores. Un organismo que sea capaz de dialogar, establecer relaciones con las culturas en derredor, guiado por sus “supersticiones”, sus valores. Este organismo tiene sentido si tiene al menos un espectador.
Pensar en esas categorías es negar todo lo que constituye la manera de pensar, las ilusiones, lo que se sabe sobre el teatro. Seamos sinceros: nosotros comenzamos a hacer teatro primero para nosotros. El teatro es una necesidad nuestra. El Secretario de Cultura no fue a vuestras casas a pedirles que hicieran teatro. Es una enfermedad o cualidad nuestra. Intentemos dar vida a esa necesidad a través de un trabajo que irradie una dignidad simple, elemental, dándonos cuenta de las trampas que están alrededor nuestro.
Otra trampa, pensar en categorías de nación. Los reformadores de comienzo de siglo XX se dan cuenta de las múltiples y opuestas culturas que constituyen una sociedad, pero superan sus fronteras y estudian las culturas que hasta ese momento no se habían tomado en consideración. Ellos se abren a los teatros asiáticos (los que la antropología cultural está descubriendo y difundiendo); se abren a nuevas situaciones de diálogos, de intercambio, de reunión y agregación espectacular. De este bricolage proveniente de diferentes lugares se forma la imprevisible identidad profesional moderna.
Esos elementos aglutinados funcionan como la memoria. Los últimos estudios sobre la memoria nos indican que el cerebro utiliza distintos procesos de recuerdo. Hay diferentes memorias: memoria breve, a largo plazo, memoria sensorial; y cada una está colocada en un lugar particular del cerebro. Son fuerzas dinámicas que se juntan una vez que hay un estímulo que las pone en marcha. Y cada vez recrea un resultado específico, es decir, que los recuerdos cambian en base a los estímulos que los han provocado. Nuestra identidad esta compuesta de fuerzas dinámicas que se llaman identidad nacional, biográfica, histórica, personal, profesional. Lo que hace que un italiano pueda no tener casi nada en común, con muchos de sus compatriotas, o de pensar y hacer ser algo totalmente diferente de la mayoría de los artistas de su época.
Los teatros del futuro son los que van a construirse una identidad mercurial, a través del esfuerzo de romper la desinformación y la entropía de las categorías materiales y mentales que nos atan y ciegan. Esta identidad es una práctica de vida que se manifiesta a través de la ficción del teatro. La ficción teatral es la manifestación de una cultura paralela, de un micro-organismo social que es un pulmón suplementario en la comunidad del futuro.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Fin de las vacaciones


Por Jochi Muñoz

Personajes:
Abuelo
Ricky
Porfi


Acto único

ABUELO: ¡Miren eso! ¡Muchacho destructor! ¡Todo lo acabas! Una correa nueva y ya la rompió. (APUNTÁNDOLE CON EL DEDO) ¡Vas a tener que agarrarte los pantalones con una soguita de cabuya!

RICKY: Abuelo, fue sin querer...

ABUELO: ¡Ya! ¡Cómo que fue sin querer! ¡A su cuarto de castigo! Qué van a decir tus
padres,... con el esfuerzo que hacen para comprarte las cosas. Pensarán que
aquí no les cuidan y que les dejan hacer todo lo que ustedes quieran. Y el otro,
¿dónde está el otro?

PORFI: Abu, aquí estoy. (MUY SEGURO DE SÍ, Y SOSTENIENDO SU CORREA
CON LAS DOS MANOS A NIVEL DE DONDE ESTÁN LOS HOYITOS)
Mire la mía, abuelo, está entera.

ABUELO: ¡A ver... déjame ver! ¡Sí! Este sí cuida las cosas. Ricky, copia de tu hermano
que es tan dedicado y cuidadoso de las cosas. (A RICKY CON SEVERIDAD) ¡A su
habitación!
(RICKY SALE)
Bien, muy bien Porfi, tú si que eres un muchacho consecuente. Anda, ve con
tu hermano, y enséñale tu correa para que vea lo cuidadoso que tú eres.

(PORFI DA MEDIA VUELTA PARA DIRIGIRSE DONDE SU HERMANO.
AÚN MANTIENE LA CORREA AGARRADA CON LAS DOS MANOS. AL
SOLTARLA, LE DA UN PEQUEÑO HALONCITO, LO QUE HACE QUE
ELLA SE PARTA A NIVEL DE UNO DE LOS HOYITOS, JUSTO DONDE
ESTABA DESGASTADA POR LA PRESION DE LA HEBILLA)

PORFI: (DE ESPALDAS A SU ABUELO Y CON EXPRESIÓN DE ESPANTO) ¡Ay!
se rompió...

ABUELO: (TRONANDO) ¿Cómo que se rompió? ¡Mentiroso... eres un mentiroso! Vino
Con ella agarrada para hacerme creer que estaba entera, cuando ya estaba rota.
¡Eres como tu hermano!

PORFI: Abuelo, no...

ABUELO: Engañarme a mí...

PORFI: Abuelo, no... Le juro que no estaba rota; fue ahora que se rompió,... mire la
seña por donde se partió.

ABUELO: Eres peor que tu hermano. Aquel la rompió, y punto. Pero tú... tú... la
destruiste, y para salvarte, mentiste diciendo que estaba intacta, y ahora dice
que se partió en este momento. ¡Eres un falaz!

PORFI: (TEMEROSO Y A LA VEZ DESCONCERTADO POR EL SIGNIFICADO
DE LA PALABRA FALAZ) ¿Y qué significa eso?

ABUELO: ¡Eso mismo..., lo que tú eres!

PORFI: (MUY COMPUNGIDO) Abuelo... yo no soy falaz... Le aseguro que la correa
estaba buena..., se acaba de romper en este momento. Créame, no le hablo
mentira.

ABUELO: ¡Mentira, mentira, mentira...! Los dos arreglen sus ropas, que se van ahora
mismo para su casa. ¡Se acabaron las vacaciones!
___________________________ FIN

Santo Domingo
9 de 0ctubre de 2003

(El pasaje aquí mostrado corresponde a uno de mis recuerdos infantiles en casa de mis abuelos maternos, Fernando Eduardo -Papañiño- y Nidia Isabel -Maniní-; sí, los mismos a que hago referencia en la nota introductoria que acompaña al título de este blog. La acción tuvo lugar en el pueblo de Salcedo, Rep. Dominicana. Corrían los inicios de la década de los ´60.
Redacté el incidente en forma dramatizada, atendiendo a un ejercicio práctico de la asignatura Las artes escénicas, la expresión musical y la danza en la educación . Una propuesta didáctica y metodológica, impartida por el prof. Claudio Rivera, dentro del Diplomado en Educación Artística, ofrecido por la Universidad Católica Santo Domingo).

martes, 8 de diciembre de 2009

Encuentro de Coreógrafos Conteporáneos en el V Festival Internacional de Teatro Santo Domingo 2006



Imagen invitación: El sembrador (pieza de Jochi Muñoz)
Intérpretes: Eduardo Villanueva, Marilí Gallardo y Rosa Rodríguez (bajo la tela)
Foto: Clara Barletta
(El siguiente texto apareció en el programa general editado como memoria del V Festival Internacional de Teatro Santo Domingo 2006 (FIT 2006), celebrado del 9 al 19 de noviembre. En este blog el texto aparece íntegro, ya que por razones de espacio, en la publicación impresa se omitió una parte.)

Por Jochi Muñoz

En el programa de mano del primer Encuentro, se lee: “Este ‘Encuentro de Coreógrafos Contemporáneos, 1996’ marca una época en la historia de la Danza Contemporánea en nuestro país. Cuando un movimiento artístico se reúne para presentar sus trabajos es porque ha alcanzado la madurez de comprender que los une una visión y la necesidad de comunicar esa visión”.

Más adelante, continua diciendo: “Sentimos una profunda satisfacción al presentar a estos 11 coreógrafos, unidos por una visión de la contemporaneidad en la danza como una verdadera expresión de nuestros tiempos, a través de la cual se manifiesta el espíritu del hombre y a la mujer de hoy; sus alegrías, sus penas, sus preocupaciones sociales, sus pasiones. Una visión de la danza que reafirma la condición humana en su dimensión más amplia, sin aceptar limitaciones impuestas por un estilo o técnica. Aquí vale todo: el gesto, las palabras, los juegos, las imágenes. Los recursos son ilimitados. La danza se hace accesible para que ustedes vengan a reír, a llorar, a sentir la necesidad de cuestionarse o simplemente a ser cómplices.”

A 10 años de esas palabras, las sentimos aún vivas y las compartimos. A lo largo de esos 10 años, muchas acciones han hecho tambalear al Encuentro; otras tantas, lo han reencausado. Algunos de los 11 coreógrafos originales continuaron con su quehacer dancístico desde otra vertiente que no es la contemporánea; otros, manteniéndose dentro de ésta, levantaron tienda aparte, desarrollando sus propias propuestas; otros más (aparte de los 11), pasaron una que otra vez por el Encuentro, y se fueron; otros, se han adherido recientemente y permanecen; y los hay que, desde el principio, continuamos siendo fieles al proyecto Encuentro de Coreógrafos Contemporáneos. Pero todos, tanto los 11 como los otros más, sin importar desde qué orilla, y es lo fundamental, seguimos haciendo danza.

Para la participación del Encuentro dentro del marco de este V Festival Internacional de Teatro Santo Domingo 2006, presentamos la función Selección décimo aniversario, donde se reúnen siete de entre las coreografías más importante de las ediciones pasadas, y que significaron un punto crucial en su momento dentro del proceso creativo de sus respectivos coreógrafos.

Brindemos por este décimo aniversario, que no es sólo una celebración del Encuentro, sino de la danza. Tras la euforia del brindis, sólo nos queda reflexionar sobre lo facturado en estos 10 años, y poder así, en caso necesario, encauzar nuestros proyectos teniendo como norte el sentido de compromiso y el de verdad que son inherentes al arte contemporáneo.

Miembros del colectivo del Encuentro de Coreógrafos Contemporáneos: Lucy Caamaño, Irmgard Despradel, Soraya Gallardo, Andreína Jiménez, Marilí Gallardo, Jorge Mendoza, Jochi Muñoz, Awilda Polanco y Maricarmen Rodríguez
Coordinación para el FIT 2006: Jochi Muñoz


El sembrador
Pieza de Jochi Muñoz
Intérpretes en la función Selección Décimo Anivesario en FIT 2006: Francis Taylor, Marilí Gallardo y Cecilia Camino (bajo la tela)
(Foto: Constantinos Saliaris)

Selección décimo aniversario
Programa presentado en la Sala Mauel Rueda, el domingo 12 de noviembre de 2006
1. Espíritus en masa
Coreografía: Soraya Gallardo
Música: Yanni

Intérpretes: Adysmeri Espinosa, Meriadys Espinosa
Disleydi Germán, Ednis Gómez, Katherine María, Elisa Marte,
Pamela Núñez, Patricia Ortega, Eva Piccini,
Horony Sierra y Carlos Torres

2. Soledad
Coreografía: Irmgard Despradel
Música: Héctor Campos Parsi

Intérprete: Maricarmen Rodríguez


3. π 3.1416
“A los sueños los puedes acariciar, pero no te devuelven la caricia.”
Coreografía: Awida Polanco y Cecilia Camino
Música: Varios compositores

Intérpretes: Awilda Polanco y Cecilia Camino


4. Tres tristes tigres
Coreografía: Orestes Amador
Texto: Iván Miura

Intérpretes: Maricarmen Rodríguez, Daymé del
Toro y Karol Marenco

Pausa
(5 minutos)

5. El sembrador

A Fradique Lizardo, in memoriam

Concepto y montaje: Jochi Muñoz
Asistente: Francis Taylor
Música: Sir Edward Elgar

Intérpretes: Francis Taylor, Marilí Gallardo y
Cecilia Camino

6. A la sombra de mi sombra
“Cuando nuestros cuerpos no encuentran el camino del otro y nos perdemos buscando...”

Coreografía: Maricarmen Rodríguez
Música: Eberhard Weber, Azimuth, Egberto Gismunti
Texto: Miguel R. Hernández y Maricarmen
Rodríguez

Intérpretes:Maricarmen Rodríguez y Orestes Amador
7. Crack
Coreografía: Karol Marenco
Música: Philip Glass, Laurie Anderson,
Hans Zimmer y Lisa Gerrard

Intérpretes: Karol Marenco, Orestes Amador y
Vicente Santos

viernes, 13 de noviembre de 2009

Ellas (o Nives Cazadora)


(El presente comentario corresponde a la función de Cazadoras del arca perdida, del Teatro Gayumba, presentada el 10 de junio de 2001, en el Auditorio del Palacio de Bellas Artes, dentro de la II Muestra Dominicana de Teatro, organizada por el Colegio Dominicano de Artistas de Teatro [CODEARTE]. El texto fue publicado en: Revista Teatro, año 4, no. 38, Octubre 2001, Santo Domingo; pp. 27-28. Esta publicación, ya desaparecida, era el órgano de difusión del Teatro Nacional de Santo Domingo, Rep. Dominicana.)


Por
Jochi Muñoz


Son precisamente las actrices, más que los actores, quienes en nuestro medio han decidido enfrentarse al auditórium sin más compañía que el personaje o personajes que han de interpretar. ¿Por qué ellas y no ellos? Creo que nunca se ha analizado este asunto, por lo menos de manera rigurosa, y bien valdría la pena que en un futuro se tratara a fondo. Pero lo cierto es que ellas lo han venido haciendo cada vez con mayor asiduidad en los últimos años, ya sea estrenando o reponiendo monólogos o, más precisamente, unipersonales, de la más variopinta autoría y tendencias conceptuales y estáticas en la puesta.

Si hacemos un recuento de las actrices que se han aventurado en tal empresa, recordemos a Carlota Carretero (Quíntuple y Salomé U.), Elviras Taveras (De Lora), Ilka Tanya Payán (Todas tenemos la misma historia), Guadalupe Villegas (Todas tenemos la misma historia), Viena González (Flor de mayo), María Castillo (Emely), Niurka Mota (Desahogo de una viuda), Nives Santana (Momo), Isabel Spencer (¡Allá tú!), Elizabeth Mateo (El último instante y El camerino), Miosotis de Jesús (El camerino) y Mariluz Acosta (Yerbamala).

Recuerdo que fines de 1993 recibí una invitación para el preestreno del –hasta ese entonces– último trabajo de Manuel Chapuseaux para el grupo Gayumba. Se trataba de Ellas, nombre que tomé prestado para titular este escrito. Para su estreno oficial, en 1994, se optó por cambiarle el nombre por el de Cazadoras del arca perdida –sin dudas más atractivo con miras a la taquilla–, con el que se conoce hasta la fecha. Como fiel admirador y seguidor de Gayumba asistí a la puesta con la expectativa al más alto nivel.

Tras ese primer enfrentamiento con el público, la obra ha corrido un sin número de veces en la ciudad de Santo domingo, en el interior, como también en el exterior del país, siendo su última entrega dentro de la II Muestra Dominicana de Teatro, el 10 de junio del año en curso, en el Auditorio de Bellas Artes. Después de haberla visto una vez más en esta ocasión, puedo aseverar con más firme convicción que esta obra es como un buen vino.

Chapuseaux estructuró su trabajo a modo de suite: cuatro piezas cortas interpretadas por una misma actriz, Nives Santana. La primera pieza, En un bohío, tiene dramaturgia del propio director, a partir del cuento homónimo de Juan Bosch; la segunda, Moñitos, es una adaptación de Morritos, de los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero; continúa con El nombre, de Griselda Gambado, para finalizar de manera heroica y grandilocuente con la pieza de Néstor Caballero, Cazadoras del arca perdida, que justamente le da el título al espectáculo. Cada pieza tiene vida propia y podría presentarse independientemente. Pero el conjunto de las cuatro, aun siendo diferentes una de las otras, engarza perfectamente conformando un espectáculo con una premisa común: la marginalidad de la mujer y el anhelo de salir de ella. Y el orden de las piezas no pudo ser más apropiado.

¿Qué de particular tiene este trabajo de Gayumba? Nada y todo. En el mismo encontramos a una actriz que representa varios personajes, un mínimo de elementos escenográficos y de utilería, musicalización pertinente, la sempiterna historia de personas desposeídas y marginadas…, es decir, que nos enfrentamos a una puesta en donde se recurre a los habituales recursos brechtianos del grupo, pero, y aquí viene el TODO, matizados de una cierta forma que nos arroba y nos hace percibir cada cosa como nueva. Y cada cosa se impregna con la magia de la actriz.

Sabemos lo difícil y demandante del monólogo, ya que por más vuelta que se le dé al montaje, en definitiva, el peso de éste recae sobre el intérprete. Y Nives Santana sabe transitar por los meandros de estos cuatro monólogos, interpretando con precisión quirúrgica, por así decirlo, a las sendas protagonistas como a los demás personajes involucrados en la trama. La actriz logra la total complicidad con el auditórium para, mediante un ligero cambio en el acento, o una mínima modificación con una pieza del vestuario, o un cambio de expresión…, hacer que el público crea en la verdad del juego del cambio de personajes dentro de cada pieza. Valga resaltar su trabajo vocal y su excelente dicción.

El director sometió a la actriz a un verdadero tour de force dados los requerimientos histriónicos exigidos por cada pieza. Y aquí volvemos a referirnos a la estructura del espectáculo. Así, en la primera pieza, En un bohío, tenemos a la actriz ya narrando la historia, ya interpretando a la madre, ya interpretando a los hijos, ya interpretando al viajero. Moñitos, la segunda, nos viene como una brisa fresca que nos trae, conjuntamente con los aires de bachata, el deseo de todas las moñitos de salir del estrecho medio en que están confinadas, recurriendo al escape que le ofrece la fabulación. En ciertos momentos de esta pieza, echamos de menos la contención mostrada por la actriz en ocasiones anteriores, ya que en la función que comentamos se desbordó más de lo que a nuestro entender era pertinente.

La puesta del siguiente monólogo, El nombre, contrasta totalmente con el anterior, tanto por el carácter del mismo, y, en consecuencia, por los elementos externos de la puesta (vestuario, maquillaje, iluminación…) Un cuadro verdaderamente poético. De todos, éste toca sensiblemente al espectador, lo conecta emotivamente con el personaje –una doméstica que lucha por mantener su identidad, ya que las señoras le cambian siempre el nombre–. A nuestro juicio ésta es la pieza en la que la actriz hace gala de un mayor comedimiento y control, logrando, por ende, la sutileza y poesía requeridas.

Finalmente, arribamos al cuarto, Cazadoras…, cuya primera imagen, la silueta de la actriz con sombrero y látigo en mano, en franca alusión a una pose del protagonista del film homónimo de Steven Spilberg, rompe con la conexión emotiva creada en el monólogo anterior y da la tónica de este último. Una mujer lucha por salir del fango junto a sus hijos, con una actitud heroica y de firmeza a toda prueba. De lectura francamente abierta, permite al espectador, además de admirarse con el trabajo corporal y vocal de la actriz, reflexionar sobre las múltiples interpretaciones que le podría dar a la pieza. Concluye el mismo con la pose inicial aludida, para recalcar aún más el distanciamiento.
Sin dudas que el binomio Chapuseaux-Santana logró con este trabajo, al igual que lo hizo con Don Quijote y Sancho Panza, crear otra pieza clave dentro del teatro no sólo dominicano, sino latinoamericano. Las horas de estudio e investigación de estos dos jóvenes artistas dominicanos se vieron recompensadas con la buena cacería de aplausos obtenida la noche del pasado 10 de junio, cuando la audiencia en pleno los aclamó tras la puesta. ¡Enhorabuena!

martes, 27 de octubre de 2009

Diario de reflexión

(Este texto constituye una de las páginas del Diario de reflexión del Diplomado en Pedagogía Universitaria, ofrecido por Centro de Desarrollo Profesional, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Recinto Santo Tomás de Aquino, para el cuerpo docente de esta Institución)
Por Jochi Muñoz

En la tarde de hoy recibí un mail de una querida ex-compañera del Taller de Danza Moderna, a quien veo muy de vez en cuando en algún evento artístico, en que me hacía acuse de recibo de un documento preparado por mí sobre las actividades que desarrollara en 2006, pero que le fuera remitido por otra ex–compañera.

Me dio tanta alegría que me escribiera, y me quedé pensando en las vivencias tenidas en ese grupo, a la vez que justipreciaba lo que en su momento –hace ya más de una década– no reparamos en su trascendencia.

Tal pareciera que este Diplomado no fuera en pedagogía universitaria, sino en pedagogía de la vida, o para la vida. Quizás esté diciendo disparates, pero no me importa, pues ese detenerme un momento a pensar (estimulado por las lecturas y las sesiones de los miércoles del Diplomado) en cosas que realmente fueron importantes para mi desarrollo personal, me hace darle más sentido a mi labor (de la índole que sea).

Los tres facilitadores que hasta el momento hemos tenido en el Diplomado: Mary Cantisano, la hermana Oliva Hernando y el Lic. Francisco Polanco, nos han hecho darnos cuenta, o reconfirmar para algunos, que el camino no termina ahí, sino que tras la maleza que vemos al frente, continúa. Tras el desbroce (entiéndase, reflexión) la vía se nos mostrará en toda su amplitud, pero llena, eso sí, de arcanos que tenemos que descifrar para el constante crecimiento, en esa toma y daca, que es el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Las lecturas de la primera unidad (he leído prácticamente todo el material, excepto algunos artículos de las revistas) han sido una inyección de cosas que sabíamos y no recordábamos, de otras que sabíamos a medias, o que sabíamos de manera intuitiva, y de otras que, definitivamente, no sabíamos. En todos los casos, nos hicieron darnos cuenta de la necesidad de hacer un alto, respirar, para poder ver los sies y los noes de nuestro actuar en el aula.

Precisamente, en estos días de final de semestre me he visto agobiado por los interrogantes (¿agobiado, sería la palabra?, mas dejémosla), al sopesar la manera en que conduje las clases. De una cosa estoy convencido hasta la fecha, y es que cada vez es más difícil hacer que los estudiantes se involucren en los aspectos teóricos del arte, particularmente de la danza, y de que en la parte práctica se aboquen a experimentar nuevos modos de abordar el movimiento, que no sea, únicamente, como los modelos que le presentan los medios de comunicación. Sin duda, que debo trabajar más en la manera de motivar a los alumnos.

Por otro lado, me he formulado mil y una vez, hasta qué punto se puede ser flexible, pongamos por caso, en los plazos para presentar las asignaciones; qué puntajes darles cuando se hacen fuera de la fecha; qué actitud tomar ante la cuestión: “Profe, deme esos puntos para que no me baje el índice”. ¿Cuál es la frontera entre un profesor flexible y uno indolente (por llamarlo así cuando no es flexibe)? Pero, ¿qué es un profesor flexible?
La verdad que todas estas cosas me las he planteado desde siempre, pero ahora, tras el desbroce del camino, adquieren otro cariz, el que indefectiblemente me exige transitar con una nueva actitud.

Deseo terminar con un corto párrafo tomado del programa de la unidad II del Diplomado: “En esta propuesta se visualiza el error como una fuente importante que posibilita nuevos y significativos aprendizajes. Se parte del convencimiento de que se hace necesario desaprender para poder aprender, cambiar nuestras creencias y mejorar nuestras prácticas”.
Santo Domingo, República Dominicana
Martes 24 de abril de 2007

AUTOBIOGRAFÍA

(Este texto constituye el primer compromiso del Diplomado en Pedagogía Universitaria, ofrecido por el Centro de Desarrollo Profesional de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra/Recinto Santo Tomás de Aquino, para el cuerpo docente de esta Institución. En la Autobiografía solicitada se debía hacer incapié tanto en los principales logros como en los escollos encontrados en el ejercicio profesoral)
Por Jochi Muñoz

Al enfrentarme a la tarea de realizar el primer compromiso del Diplomado en Pedagogía Universitaria, mi autobiografía, toda mi atención se focalizó en algo que siempre he sentido por varias personas, y desde lo que debía trazar el recuento de mi camino por la docencia: la gratitud.

Gratitud hacia dos hombres y una mujer (revestidos de luces y sombras, como lo está todo en la vida) con el denominador común de ser personas excepcionales en sus campos, comprometidas y generosas. Abrevé de ellos y ella en diversos períodos de mi formación como bailarín, y cuyas orientaciones me permitieron no sólo modelarme como ejecutante, sino que en gran medida fueron los y la responsables de la visión del mundo del arte que poseo, y que es mi norte para asumir mi compromiso de responsabilidad social como artista y como docente.

Fradique Lizardo, Irmgard Despradel y Eduardo Villanueva son esa personas que me despertaron el hambre de saber, de buscar, de apropiarme de aquello que de una u otra forma me nutriría en mi andar por los vericuetos del folkore, del ballet y de la danza moderna, respectivamente. Y lo maravilloso de todo es que, con el pasar de los años, he aprendido a transitar libremente por esos campos, alejándome, acercándome, tomando o dejando cosas de ellos, empleándolo tal cual o reinterpretándolo según la necesidad creativa del momento.

A mediados de 1977 entro a la Escuela del Ballet Folklórico Dominicano, dirigido por Lizardo, permitiéndoseme a las pocas semanas que asistiera también a los entrenamientos con la compañía. A los dos años, se “me echa a los leones” , al hacerme enfrentar a los alumnos principiantes de la Escuela, en calidad de profesor responsable de su entrenamiento corporal. Huelga decir que a la sazón no tenía ninguna preparación didáctica para afrontar tal reto, siendo la única razón de peso que tuvieron los directivos del centro el hecho de que de todos los miembros de la agrupación, era el único que estaba entrenándose de manera formal en otro centro. Este centro era la Academia de Ballet Santo Domingo, dirigida por la prof. Despradel.

En el Ballet Santo Domingo no impartí clases, pero sí se me dio la oportunidad de desarrollarme en el campo de la creación. Permanecí en este grupo de 1977 a 1990.

Mi último año con Despradel coincide con mi ingreso al Taller de Danza Moderna, dirigido por Eduardo Villanueva, donde permanezco hasta su disolución en 1996. También aquí se me ofrece la oportunidad de impartir clases a los principiantes y a los estudiantes que no eran parte de la compañía.

Por otra parte, desde 1981 hasta la actualidad soy profesor de folklore de la Dirección General de Cultura, de la Secretaría de Estado de Educación, trabajando con niños y adolescentes (desde 7 a 14 años). El énfasis en esta clase está en la enseñanza del folklore danzario dominicano.

En octubre de 1989 ingreso a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Recinto Santo Tomás de Aquino (PUCMM-RSTA) como profesor de danza, siendo nombrado al año siguiente, Coordinador del área.

En lo que respecta a la infraestructura requerida para impartir clases de danza (piso de madera, espejos, barras, camerino...) tanto el local del Ballet Santo Domingo como el del Taller de Danza Moderna la poseían. Por su parte, el Ballet Folklórico Dominicano carecía de la misma (sólo se logró que se colocaran las barras), por lo que esa limitante, principalmente la carencia del piso apropiado, me condicionó a que las clases debían darse de tal o cual manera, para evitar posibles lesiones en los estudiantes. (El entrenamiento de cualquier tipo de danza sólo debe ofrecerse en piso de madera, construido con ciertas especificidades). Tal ocurre con las instalaciones de la Universidad, en la que tampoco existe el salón adecuado.

En lo que respecta al lugar donde se imparten las clases de folklore de la Secretaría de Educación, la cosa es aún más grave, ya que no disponemos de un espacio fijo para las mismas, teniéndolas que impartir en el lugar que nos presten para ello. Por lo general el lugar varía de un año académico a otro, y en ocasiones, como en el presente, a mitad del mismo, con el consiguiente desajuste que presupone para el desenvolvimiento normal de las sesiones.

¿Qué si me gusta impartir docencia? La verdad es que estoy cansado. Realmente me gusta compartir cualquier cosa con mis compañeros o con los interesados, tanto dentro de la docencia como en mi trabajo creativo, pero este tener que trabajar sin la condición mínima (sin el piso, por volver a señalarlo), viéndose uno precisado a tener que dar unas clases a medias, realmente es estéril. Lamento el sentirme así. Sigo en la docencia porque es mi medio de subsistencia, y además, y para mí es fundamental, por el compromiso que tengo de multiplicar lo que no sólo Lizardo, Despradel y Villanueva me dieron, sino también Nereyda Rodríguez, Mirito Arvelo, Armando Villamil, Manuel Chapuseax, Heidi Despradel, Patricia Ascuasiati, Guillermo Heras, Marilú Valdez, Diógenes Valdez, Francis Taylor, Jorge Pineda... y otros muchos más.

No todos los mencionados han sido profesores fijos en centros académicos, pero sí contribuyeron (y siguen contribuyendo algunos de ellos) de manera rotunda en mi formación a través de cursos, talleres, encuentro de reflexión, conversaciones...; y más aún, entre ellos los hay que no son docentes, y al igual, han marcado su impronta en mi manera de ver el arte, y de transmitir el mismo mediante mis clases.

Domingo 18 de marzo de 2007
Santo Domingo, Rep. Dominicana


Entrevista a Francis VIET

Entrevista inédita, realizada por Jochi Muñoz, el sábado 11 de octubre del 2003, en Santo Domingo, República Dominicana. Traductora: Mónica Lozano.

Francis VIET nace el 6 de abril de 1957, en Mont Saint Martin, Francia. Bailarín, profesor, coreógrafo. Fue miembro de la Wuppertaler Tanztheater, de Pina Bausch. Coreógrafo independiente. Ha incursionado en los medios audio-visuales.
Estuvo en Santo Domingo de septiembre a octubre del 2003, realizando el trabajo coreográfico para la puesta en escena de Muelle Oeste, de Bernard-Marie Koltès, dirigida por Moïse Touré, para la Compañía Nacional de Teatro, de República Dominicana, a la sazón bajo la dirección de María Castillo. La obra fue estrenada en la Sala Máximo Avilés Blonda, de la ciudad de Santo Domingo, el viernes 10 de octubre de 2003.



Francis, me gustaría saber con quiénes prefieres trabajar, ¿con actores bailarines o con bailarines actores?

Primero, no hay muchos bailarines que actúen. Prefiero trabajar en teatro; me llama más la atención... prefiero trabajar con actores.

¿Actores para ponerlos a moverse?

Actores, sí; en este momento.

En tu hoja biográfica vi que tu entrenamiento era en ballet clásico y en danza moderna; cuando entras a la Wuppertaler Tanztheater de Pina Bausch, ¿no fue muy fuerte la ruptura entre el entrenamiento realizado por ti durante tus años de formación y el tipo de trabajo que hacía Pina?, ¿cómo fue esa transición?

Fácil. Cuando realicé mi formación la hice precisamente para entrar a la compañía de Pina Bausch. Yo no hice una formación de danza para ser bailarín, sino, para entrar a esa compañía. La primera vez que vi un espectáculo de Pina Bausch, dije: “Yo quiero hacer eso que ella hace...eso...con ella, no otra cosa.” No hubo otras escuelas, otros talleres, otras ideas... nada; directo a la compañía de Pina.

Y ahora que estás trabajando fuera de esa compañía, los lineamientos que sigues, esto es, tus procesos creativos ¿se asemejan a la de Pina, o hay algo tuyo más personal?

Trato de encontrar una manera personal, pero no se puede negar que estoy muy influenciado por todo lo de Pina Bausch.

Durante el proceso de montaje, tanto de un ballet como de la parte danzada de una obra de teatro, ¿cómo enfrentas al bailarín, al actor?

Los toco... empiezo tocándolos. Doy un curso... digamos, un calentamiento, y ahí los comienzo a tocar. Primero establezco una relación de profesor con ellos... o sea, de posiciones del cuerpo... todo muy sencillo. Empiezo el primer contacto en un curso, en el cual puedo ver las posiciones, la geometría del espacio; el ojo, hacia donde va; clarificar cosas sencillas, pero que son básicas. Después, a la hora del montaje, sigo los mismos lineamientos. Dejo, más bien, que la gente sea libre, y lo que hago es esculpir. En el transcurso de lo que están haciendo, corrijo, esculpo, más que mostrar como hacerlo.

Luego de tu salida de la compañía de Pina, ¿los bailarines con los que has trabajado tienen formación en ballet, danza moderna u otro tipo de técnica?

Después de mi salida de la compañía de Pina, no he trabajado con bailarines; sólo con actores y artistas de circo.

¿Y el entrenamiento con ellos ha sido el mismo al que te referiste anteriormente?

Sí, el mismo.

En nuestro medio tenemos una duda sobre lo que es la danza-teatro. ¿Cómo defines tú lo que es ésta, a partir de tu experiencia con Pina?

Para mí es muy difícil decirlo, porque la danza-teatro nació con Pina Bausch, ella fue la que la creó, y yo estuve dentro. Es como preguntarle a alguien que esté en el agua “¿Cómo es el mar?” Te va a decir algo sencillo, como por ejemplo que “es mojado, húmedo, salado”..., pero no te podría decir exactamente qué es el mar. Yo tampoco podría decirlo con relación a la danza-teatro. Yo sé como proceder para hacer danza-teatro, pero no podría decir qué es.
Y sobre todo, a la danza-teatro fue la gente de fuera que le puso ese nombre...los críticos. Gente que ha analizado, que ha pensado...le puso ese nombre.
Pina ha trabajado por 30 años en ella, y si le llamaron por ese nombre fue porque encontraron que no era ni danza ni teatro. Fue una forma que ella encontró, cuando, 30 años atrás, decidió romper con las estructuras que traía del ballet. Pina nunca se ha instalado en un concepto, porque cada pieza que ella hace es un nuevo esfuerzo por encontrar algo nuevo. Hay un concepto que se instaló en la gente, pero no en el trabajo...; nosotros no decimos que hacemos danza-teatro. Pina misma no lo piensa siquiera; yo tampoco.
Con mi sensibilidad y con la de los otros intento hacer cosas, mezclar, y de ahí partir, y poder conducir a la gente al camino del silencio... a que se expresen sin palabras; pero siempre es una aventura emprender ese recorrido. Hay muchas cosas que intervienen, porque dependen de la gente, del medio... hay muchas cosas... de la pieza, de mí... No hay una receta que diga “Bueno, para hacer danza-teatro hagan así y así.” No, no existe.
Como con la gente que trabajé aquí, en Muelle Oeste [estrenada el 10 de octubre del 2003], primero trabajé la improvisación con cada uno, y de esa improvisación tomé elementos... Me acordé de todo lo que habían hecho... tomé elementos y le agregué cosas de mi creatividad, pero partiendo de la improvisación. Es mi manera de trabajar: primero, hacer que se improvise, y después agregar, combinar... Pero no siempre es forzosamente así, puede ser que no... pero es una forma que utiliza... la improvisación.

¿Interviene el uso de la voz en las improvisaciones?

Puede ser, pero en esta ocasión, no. En este trabajo realizado aquí no dispusimos de mucho tiempo, así que sólo trabajamos sobre el movimiento.
En el caso de que intervenga la voz, una forma de proceder sería hacer una pregunta y que la respuesta que se dé sea sólo corporal, o verbal o combinada; eso depende de la persona. Pero siempre partiendo de la pregunta que se lance. En el caso de Muelle Oeste, por el tiempo, sólo nos limitamos a movimientos.

En las puestas que has realizado con actores en proyectos anteriores, ¿el método de trabajo fue similar al empleado aquí?

Sí, en efecto.

Con la compañía de Pina, ¿se procede de igual forma?

Con Pina siempre es así.

El entrenamiento con Pina, ¿incluye clase de ballet?

Con Pina, todos los días tomamos clase de ballet, pero no el ballet clásico que todo el mundo conoce, sino una forma especial que se trabaja en Alemania, en el que se trabaja mucho la espalda.

¿Ese estilo fue creado en Alemania?

Sí, fue creado por Kurt Joos, Rudolf Laban... creadores... gente que ha pensado, reflexionado sobre técnicas del movimiento. En la escuela a la que asistí, la misma a la que asistió, previamente, Pina Bausch, se hace un trabajo muy fuerte de espalda, sobre todo... Es un trabajo muy particular éste, que solamente se encuentra allí, en Alemania.

Ese estilo de ballet, ¿tiene mucho contacto con el ballet clásico tradicional? Ya sea en los pasos, en las combinaciones...

Claro, obligatoriamente... en los plies... en los pasos básicos... sí. Son estructuras básicas que hay que saber. Para poder ir a lo contemporáneo, hay que pasar por ahí, por ese clásico. Es como en la arquitectura griega, que cuando vas a construir una casa, aunque no la hagas igual, debes pasar por ahí, por esas líneas puras, limpias... Es por lo que hay que pasar para llegar a hacer otras cosas.

Entonces Francis, tu consideras que para hacer danza moderna, ¿habría que pasar primero por el ballet?

Sí.

¿Necesariamente?

Hay muchas formas de trabajar el ballet clásico; hay una forma de trabajarlo que es exterior, hacia fuera; con Pina, en cambio el trabajo es interior... mucho... hacia adentro. La finalidad no es hacer piruettes, ni hacer líneas... es más bien, pasar por ahí, y olvidarlo; saber hacerlo, y olvidarlo.

Volviendo al entrenamiento con Pina, ¿entrenan la voz?

No, no se entrena la voz. De todas formas, en los montajes de Pina no hay muchos textos... no los hay. Y cuando los hay, éstos vienen de las improvisaciones. Nunca tomamos un libro y decimos “hagamos este texto”... no, eso no. Puede pasar que una poesía corta se emplee, pero sin trabajar la voz, sino, así...natural, sin trabajar la voz.


Entonces, ¿nunca hay textos teatrales, dramáticos elegidos de antemano?

Una vez tuvimos algo así con la adaptación del Macbeth, de Shakespeare... se trabajó eso; pero por lo general no, nunca lo empleamos.
Para Pina todo es danza... lo mismo que si le dicen después que lo que hace es teatro, que es aquello, o lo otro; para ella todo es movimiento. Ella se hacía muchas preguntas sobre el límite de dónde se termina el baile... la danza... porque puede ser que el simple gesto de tocar a alguien sea danza. Ella siempre se preguntaba eso... “¿hasta dónde?” Es por eso que ella trabaja con bailarines que se entrenan todos los días.

En cambio, Francis, tú prefieres trabajar con actores, como señalaste anteriormente...

Sí, por el placer. Es un gusto para mí trabajar con actores. El actor es más inocente que el bailarín para moverse, más ingenuo.

¿Tú estableces o ves alguna diferencia entre las llamadas danza moderna y danza contemporánea?

No sé que es la danza moderna... no sé que es la danza moderna, tampoco sé que es la danza contemporánea. Yo trabajo, solamente; yo no me pregunto esas cosas. No te lo puedo contestar, porque nunca me lo he preguntado.

Lo pregunto, porque como hay técnicas, como las de Graham, Horton, Limón..., que se estudian y clasifican como danza moderna, por un lado, y otras, más recientes, como danza contemporánea, quería saber tu apreciación sobre el particular...

No sabría como contestarte. Yo trabajo, yo hago unas cosas...lo que me piden, lo que yo quiero...; después, si la gente viene y me dice lo tuyo es moderno, contemporáneo, danza-teatro, u otra cosa, entonces digo: “Está bien.” En el caso de Muelle Oeste, trabajé con actores, pero no sé si en verdad es danza-teatro. “¡Ah!, mira, esto es danza-teatro lo que estoy haciendo.” No. Yo mismo no me hago la pregunta. No sé si será eso lo que estoy haciendo, o es sólo una propuesta sin nombre, o una tentativa, sólamente. Se intentó hacer un principio de un camino con alguien, por ejemplo, con esta gente de Muelle Oeste, juntos... el director, la pieza de Koltès, los actores... se intentó hacer un pequeño camino de algo y de intentar encontrarse en algún lugar, mediante el trabajo. Este encuentro es el resultado que vimos ayer [en el estreno de Muelle Oeste]; después, si es danza-teatro, o si no, eso es ya otra cosa que yo no podría decir qué es. Ese no es mi trabajo; eso es de los críticos.

En las piezas que has coreografiado fuera de la compañía de Pina, ¿qué temas prefieres?

Siempre, por más que busques, siempre vamos a llegar a los hombres y las mujeres; siempre vamos a regresar a ese punto; a sentimientos humanos. Una pieza siempre son relaciones, se cuentan historias: el amor, el odio, la soledad, la tristeza, la felicidad... Son siempre hombres y mujeres, como la vida cotidiana. Siempre regreso ahí, a hablar de los hombres y las mujeres, de sus relaciones. ¿Tú no piensas eso?

Claro.

lunes, 26 de octubre de 2009

A propósito de una partida

Grupo de Danza del Recinto
De izquierda a derecha: Maxihelinés Franco, Idelfi Esther Pérez, Rosa Febles, Ana Francina Hernández, Michelle Bergés, Carol E. Germán y Alba Paloma Campo. Esta foto fue tomada el 11 de abril de 2008, antes de la última función en que participaron las chicas cuyos nombres se resaltan en negritas.


Por Jochi Muñoz
Hoy, 13 de septiembre de 2008, un dejo de tristeza se empecina en embargarme, mas me resisto a ello. Es que tres estudiantes queridas, con las que compartí, prácticamente, durante todos sus años de estudios, emprenden por su cuenta un nuevo derrotero. Y es que la vida es así: hecha de encuentros y desencuentros.

Tres personas, mejor dicho, cuatro (contándome) que tuvimos que contemporizar para lograr lo mejor de nuestras relaciones. Actitudes, caracteres, susceptibilidades..., fueron precisos amoldarlos si queríamos llegar a feliz puerto. Y no llegamos. No llegamos, precisamente, porque en realidad la meta no era llegar, sino, intentar hacerlo. Cada sesión de entrenamiento se constituyo en un eslabón de una larga cadena intentos. Estos no siempre fueron satisfactorios, ya que muchas veces lo que dábamos eran pasos hacia atrás (por llamarlo de alguna forma). Pero nos sujetábamos a la tabla de la esperanza (= a trabajo) para superar la recaída y tomar las riendas, para continuar con nuestros constantes intentos.

Maxihelinés Franco, Idelfi E. Pérez y Rosa Febles se reciben hoy, 13 de septiembre, como licenciadas en Administración Hotelera, por lo que emprenden ese nuevo derrotero al que me referí. Se inicia una nueva etapa en sus vidas, por lo que infortunadamente (o afortunadamente), tienen que dejar el Grupo de Danza del Recinto, del que formaron parte durante cuatro años.

Me pregunto si ellas serán conscientes de los logros obtenidos tras tantos intentos durante su permanencia en la agrupación; si podrán transferir a sus respectivos nuevos puestos de trabajos, las habilidades desarrolladas en el grupo. No me refiero a las habilidades técnicas de la danza, sino, a esas otras, sin dudas más importantes: la de reconocer sus potencialidades y sus limitaciones, manejando ambas con paciencia, para poder, así, dedicarse con entrega y pasión a lo que en lo futuro harán.

En fin, que se van, como tantísimos otros a lo largo de estos 16 años de vida de la agrupación. Que se van, pero se quedan, ya que dejan partes de sí, albergadas en los corazones de los que aún permanecemos.


Jochi Muñoz
Coordinador de Danza
Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra
Recinto Santo Tomás de Aquino

Santo Domingo, Rep. Dominicana