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lunes, 28 de diciembre de 2020

Dialogan-dos: Marilí Gallardo entrevistada por Jochi Muñoz

 

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A lo largo de este año, el ciclo Dialogan-dos nos regaló magníficas entrevistas que nos permitieron acercanos de una manera muy íntima al trabajo y recorrido profesional de varios de nuestros grandes artistas de distintas disciplinas. Una de esas entrevistas la realizó
Jochi Muñoz
a la bailarina y coreográfa
Marily Gallardo
. ¿La viste en su momento? Si la respuesta es no, te dejamos animamos a hacerlo, porque no tiene desperdicio.

viernes, 23 de abril de 2010

Las nuevas tendencias en la danza. Entrevista a Jochi Muñoz, por Merybell Reynoso


El presente texto es una entrevista que me hiciera, en abril de 2010, Merybell Reynoso, estudiante de Comunicación Social, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Recinto Santo Tomás de Aquino, como proyecto de la asignatura Seminario II.

Las preguntas fueron contestada vía electrónica a inicios de este mes de abril, y nada más apropiado que el tema de la entrevista: las nuevas tendencias en la danza, debido a que, precisamente, este mes se le ha dado en llamar Mes de la danza, ya que el día 29 del mismo está declarado por la UNESCO como Día Internacional de la Danza, fecha elegida por ser el natalicio de Jean-Georges NOVERRE (París, 29 de abril de 1727 – Saint-Germain-en-Laye, 19 de octubre de 1810), bailarín, profesor, coreógrafo, teórico y escritor francés, quien es considerado el más grande renovador del ballet.


¿Cuáles son las últimas tendencias en el área de la danza?

“Danza” es un término muy amplio, que incluye una serie de manifestaciones en las que el cuerpo, más bien, el movimiento, es la materia prima. En todas las sociedades se da el fenómeno de la danza, llegando a ocupar un lugar preponderante en muchas de las actividades que se llevan a cabo: en lo mágico-religioso, en lo festivo, en lo «artístico» (así, entre comillas para significar lo considerado como danza académica). Por tanto, al hablar de últimas tendencias, habría que delimitar la pregunta a cierto sector de los hacedores de danza. (Esto se amplía y precisa al contestar la pregunta siguiente).


¿Cuáles elementos influyen en la creación de nuevas tendencias?
Los estudiosos de la cultura han hecho una clasificación en tres rublos, de los conocimientos que el hombre posee: 1) cultura tradicional (cultura folklórica), 2) cultura popular (cultura de masa, mass media, cultura populista), y 3) alta cultura (cultura académica).

Así, al hablar de «creación de nuevas tendencias», hay que precisar en qué nivel o tipo de cultura se presentan esos cambios. En la cultura tradicional o folklórica, priman los conocimientos empíricos, tradicionales, orales, y los cambios que tienen lugar se presentan muy paulatinamente, a lo largo de muchos años, y el aceptar o no los mismos, e integrarlos a su cuerpo de conocimientos, es prerrogativa de los integrantes de la comunidad en que el hecho se da.

Por su parte, en la cultura académica (que en cierto sentido, estaría en el lado opuesto de la folklórica) prima lo académico, lo letrado, lo contemporáneo, lo científico. Los cambios que ocurren son fruto del devenir del desarrollo mismo de la ciencia, y de la madurez del pensamiento de intelectuales y artistas. La creación de nuevas tendencias no se sujeta estrictamente a la moda del momento.

Finalmente, quise dejar para último lo referente a la llamada cultura popular, que es la cultura en la que todos estamos envueltos, en la que nos movemos en el día a día, en la que tienen lugar todos los fenómenos de masas, en la que prima estar al último guay de la moda… Este tipo de cultura está sustentado por los medios de comunicación de masas de acuerdo al mundo tecnificado, la moda y el comercio, y que tiende a avasallar (a influir, a alterar, a permear…) a las otras dos (la folklórica y la académica).

En esta cultura de masas se incluye todo aquello que es producido para el pueblo e impuesto como moda (manipulando el gusto, muchas veces): los cantantes del momento; la música ligera para pasar el rato; las películas a las que vamos para pasar el rato; las revistas de entretención; las telenovelas; los objetos de plásticos; la comida rápida… y, por supuesto, todos los diferentes bailes que tanto gustamos, ya para practicarlos en fiestas, ya para verlos en show artísticos de variedades.

Me parece puntual lo que el especialista en obra artes visuales, M. Sanabria, señala al referirse a la exposición Hábitos, de la artista mexicana Ana Gómez, de la que dice que en ella se traslucen tres ideas que conforman la sociedad actual: «El consumo como sinónimo de felicidad. Lo desechable como sinónimo de modernidad. La adopción de hábitos nuevos como una ilusión de progreso.»


¿Qué le motivó a incursionar en la misma, fue parte de su proyecto de vida, se vio alguna vez interrumpida?

Desde pequeño estuve ligado a las artes. Quería hacer arte, mas no sabía a ciencia cierta qué. Así, me inscribí en la Escuela de Bellas Artes de mi pueblo natal, San Francisco de Macorís, en donde estuve en clases de música (cursando las materias de lectura musical, las teóricas, y, por supuesto, la práctica de instrumentos, siendo mi rendimiento en estos -piano y violín-, pésimo. También fui integrante del coro). Por igual, pasé un corto tiempo en clases de arte escénico (teatro) y de artes plásticas.

En danza, no. Los prejuicios sobre que un varón hiciera eso, así lo determinó. Mi incursión en la misma ocurrió ya adulto. Primeramente, practiqué la danza folklórica, en la escuela de Fradique Lizardo; luego, ballet, en la academia de Irmgard Despradel; más adelante, danza moderna, con Eduardo Villanueva, y, posteriormente, tomé clases de danza contemporánea, en el centro Ritmos, espacio de danza (actualmente, Ecos, espacio de danza). Se sucedieron, con el correr del tiempo, una serie de cursos y talleres en varios aspectos de las artes escénicas, y más recientemente, del Performance Art.

Una vez involucrado en la danza, nunca he interrumpido su quehacer. Actualmente me dedico a la docencia y a la creación coreográfica. Y, paralelamente, al Performance Art (que no es ni danza ni teatro, como apuntaré más adelante).


¿Diría usted que los procesos sociales influyen en la creación de nuevos estilos artísticos?

Definitivamente, sí. Todo bien cultural vigente en una sociedad no existe independientemente de su entorno. Esto es, todo elemento cultural, y lo danza lo es, es parte de un engranaje total que determina que una sociedad sea de una forma y no de otra. Si mueves un elemento, se tambalean todos. Ojo, no es que todo se destruirá, sino que repercutirá en todos los demás. Podríamos decir que esa situación hace que una sociedad respire, y saque a relucir ese gran don que posee: su capacidad para el cambio. Las comunidades no son estáticas, sino que están sujetas a una dinámica de cambios.

Lo cuestionable de esos cambios es que muchas veces son impuestos, y no frutos de una autodeterminación de los miembros de ese conglomerado.


¿De qué adolece la danza dominicana? ¿Este mal o males afectan los procesos de innovación de la misma?

Merybell, aquí habría también que precisar a qué danza te refieres, si a la folklórica (a la auténtica, a la que se practica en las comunidades folks, no a la hecha por los grupos folklóricos que bailan en shows), a la popular (y aquí incluyo a la urbana o de calle), o a la académica (ballet, danza moderna, danza contemporánea, jazz…).

De la folklórica, te diré que muchas de las mismas han ido languideciendo, hasta su total desaparición; otras, por su parte, se han ido deturpando, esto es, deformando debido a que sus actuales cultores han perdido, en muchos casos, la línea que le unían al pasado. Esto, debido a que ya las mayorías de las comunidades folks no están tan aisladas como en el pasado, y a que muchos de sus miembros han vivido fuera de las mismas y ya no se empeñan en conservar su acervo con el mismo celo que sus mayores.

Con la danza popular, no hay tal preocupación de que se pierda, ya que la misma es, por lo general cuestión de moda; algunas de más larga duración que otras. En lo que atañe, específicamente, a los bailes de calle, recordemos que estos son las manifestaciones de grupos reprimidos de la sociedad, que encuentran en su práctica una manera de identidad grupal. Son, de hecho, parte de la sub-cultura (uso este término no en sentido peyorativo) de un conglomerado particular, pero por el impacto mismo de su ejecución, y por el impulso que le dan los medios de comunicación, vienen haciendo ola entre la juventud. Pero muchos de los que por moda practican y gustan de esos bailes, no forman parte del grupo que los originó, y por tanto son ajenos a las preocupaciones sociales que les dieron origen.

En lo que atañe a las danzas académicas, el asunto tiene sus matices particulares. De todas ellas, el ballet es el que tiene mayor aceptación y respaldo del público, por los menos en cuanto a número de alumnos y a la asistencia a los espectáculos, los que tienen el apoyo de los familiares de esos estudiantes. El jazz tiene también buena aceptación en cuanto a la matriculación. No así los casos de la danza moderna (que creo que en la actualidad nadie la ofrece) y de la contemporánea. Los artistas y creadores de estas últimas modalidades, tienen que hacer de tripas corazón para poder llevar hacia delante sus proyectos. Es cierto que tienen un grupo fiel de seguidores, pero ambos tipos son, en cierta forma, las grandes desconocidas de la danza en nuestro país, ya que la mayoría de las personas no saben de qué se habla cuando se mencionan esos nombres, confundiéndolos con los bailes de moda que se practican en las discotecas o en los shows de televisión. Además, la carencia de profesores en el área, hace que el entrenamiento de los practicantes de las mismas no se desarrolle al máximo.

Un hecho muy preocupante, es el del destino de las egresadas (hasta la fecha sólo han sido mujeres) en danza contemporánea de la Escuela Nacional de Danza (ENDANZA). Tras cursar sus siete años de estudios, se encuentran que no hay plaza de trabajo en el mercado, y tienen que dedicarse a “picotear” en espectáculos populares, a impartir clases, o realizar cualquier otra actividad ajena a su formación. De igual modo, al no continuar con su entrenamiento diario, se pierde lo logrado en todos sus años de formación. Es un asunto que las autoridades competentes del Ministerio de Cultura debieron tener previsto mucho antes de haber salido la primera promoción de bailarinas. Se debió haber creado una Compañía Nacional de Danza Contemporánea, con el mismo status y privilegios que tiene el Ballet Clásico Nacional.

Pero en todos los casos, se presenta un hecho que hay que subsanar a como dé lugar, y es la falta de reflexión de los bailarines, creadores y profesores en torno a las problemáticas de esta disciplina. Falta leer, ver, estudiar, asistir a los espectáculos de danza, a los conciertos, a las exposiciones de artes plásticas, al cine… y luego, y siempre, reflexionar y hablar de esas experiencias, contrastando criterios, lo que nos llevará a ampliar nuestra visión del mundo, en general, y de la danza, en particular.


¿Cree usted que los nuevos movimientos urbanos marcarán la pauta o tendencia en este magno ejercicio artístico, o, por el contrario, se mantendrá la estética de los bailes clásicos?

En la actualidad asistimos a una difuminación de las fronteras entre las distintas manifestaciones artística, de suerte que hay piezas que uno no puede catalogar de una cosa u otra, y cabrían en ambas. ¿Esta pieza es una danza o una obra de teatro? El creador se mueve entre los géneros según la conveniencia para expresar lo que desea. Por igual, puede tomar elementos tanto del folklore, de la cultura popular (mass media), como de la llamada alta cultura, y conjugar cada cosa de un particular modo para lograr la creación de su pieza.

Ahora bien, si esta pregunta lo que pretende es indagar si la música y los bailes de calle o urbanos marcarán la tendencia de la danza, a mi modo de ver, la respuesta es sí y no.

Recordemos que los bailes de calle nacen por algo gestado internamente en ciertos sectores de la sociedad, y que corresponden a su particular dinámica interna, la cual es intransferible a otros sectores de la sociedad. Se podrá copiar todo lo externo (los gestos, la vestimenta, el modo de moverse…), pero lo que originó tales elementos culturales y el sentir de sus practicantes, no. Es sabido que muchos de los bailes urbanos de moda en nuestro país, nacieron en calles de ciudades norteamericanas.

Naturalmente, que el impulso que la industria del entretenimiento le ha dado a esas manifestaciones musicales y danzarias, ha hecho que las mismas hayan explosionado, prácticamente en todo el mundo.

Sin dudas, que muchos creadores académicos no son inmunes al constante bombardeo de los medios, y se ven tentados a apropiarse de esos elementos (y de otros más), e integrarlos a sus propuestas. En este punto sólo puedo decir, que cada artista sabrá qué tomar, qué dejar, dependiendo de su grado de compromiso con el arte, de qué desean plantear en sus obras, al margen de las veleidades que el medio les ofrece.


Se observa cierta hegemonía en la danza a nivel internacional, cosa que algunos podrían acusar a la globalización de la cultura, la poca diversidad y la falta de conservación del acervo cultural. ¿Cómo se podría vencer o conservar la identidad cultural en el área de la danza?

Merybell, las personas no deben pretender negar lo que el medio, esto es, la sociedad de consumo, da por sentado como el estilo de vida que todos deben seguir. Craso error, porque se tiene la lucha perdida de antemano. Una vía sana para no morir en el intento, es sopesar qué cosas ofrece este tipo de cultura; qué de bueno (porque cosas buenas las hay) puede tomar sin traicionar sus convicciones y valores; qué desestimar porque no se esté dispuesto a traicionar lo que se crea; y, así las cosas, mediar con ello.

Sabemos que los coreógrafos y bailarines de espectáculos populares (al margen de lo que particularmente puedan pensar) responden a las exigencias que el mercado espera: «Producir shows bonitos que complazcan a una masa de espectadores, para que boten el golpe y no piensen nada más allá de lo que la magia y el oropel del teatro pueda ofrecerle.» Lo que lleva aparejado, por supuesto, devengar las grandes sumas de dinero que los productores, no siempre los bailarines, obtienen.

En nuestro país han venido proliferando una serie de espectáculos que, unos más otros menos, presentan una factura adecuada, con bailarines, actores, cantantes y músicos con oficio, con recursos escenográficos puestos a su favor…, pero que son copias del teatro propio de otras latitudes. Todo hecho con tal minuciosidad para que el público no cuestione nada de lo que ve, y se mantenga dentro de esos cánones estéticos y conceptules, y piense que ese en el teatro. Y, naturalmente, como son fenómenos de masa, los patrocinadores comerciales les apoyan, porque todo esto responde a este juego de la sociedad de consumo que ya hemos mencionado.

Hay que estar claro, Merybell, el público siempre ha gustado de este tipo de espectáculo, y los seguirá haciendo. No hay por qué emprenderla contra ellos, satanizándolos, sino, viéndolo como un medio de subsistencia de muchos, artistas y técnicos teatrales, mismos que muchas veces son los que trabajan en proyectos de mayor compromiso artístico, en los que con otro lenguaje, se resaltan otros valores de la condición humana.


Sin ánimo de sonar a cliché, ¿qué palabras alentadoras les daría a futuros aspirantes o a los que ya ejercen la danza como oficio, que encuentran en la sociedad dominicana un marco estrecho de proyección profesional?

Los consejos no se dan; es pretencioso hacerlo. Pero ya que lo preguntas, diré un par de cosas, con la salvedad de que no son consejos, sino herramientas para poder hacer lo que nos proponemos con una mayor seguridad y verdad en el oficio. Además, lo que diré se aplica, no sólo a la danza, sino al cualquier quehacer del hombre y la mujer: Hay que leer, leer, y leer. Y este leer, yo lo amplio al ver, ver y ver: teatro (no sólo musicales y comedias ligeras, sino también obras de mayor peso); danza (no sólo el tipo que me gusta y practico, sino todo tipo); exposiciones de artes visuales; cine (no sólo las pelis para botar el golpe), y todo esto en pro de una cosa: tener referentes, y para un artista esto es fundamental, para evitar quedarse en el cliché de las creaciones e interpretaciones.


Usted mencionaba el Performance, una nueva tendencia que busca transmitir al público, algo experimental, que tiene cierto caudal de influencia dadaísta. ¿Es aceptado por el público? De ser así, ¿cómo se verá transformada la perspectiva tanto del artista como del asistente a la presentación?

En el ámbito latinoamericano el término «performance», al igual que el «danza contemporánea», es una especie de sombrilla donde se guarecen una suerte de manifestaciones artísticas, aparentemente disímiles, pero que tienen en común una serie de puntos.

Es necesario puntualizar que en al ámbito anglosajón, de donde nos llega el término «performance», el mismo se emplea para referirse a mil cosas: al rendimiento de un atleta, a las pruebas de efectividad de un medicamento, al resultado de prueba de una maquinaria… amén de emplearlo, también, para designar cualquier tipo de presentación artística, del género que sea.

En el contexto de los países latinoamericanos se emplea con un significado más delimitado: el de señalar un tipo particular de manifestación artística en el que el artista trabaja con su cuerpo, en tiempo real. Ojo, no confundir con el teatro, en el que el artista trabaja también con su cuerpo, pero no en tiempo real, y además, personificando a alguien, o sea, representando a un personaje. En el performance, en cambio, no se representa, sino que se presenta una acción determinada hecha por un artista, siendo él mismo, esto es sin representar un personaje.

Además en el teatro se recurre al uso de utilería y mecanismos que contribuyen a que lo que se haga sobre la escena cree la ilusión de que es verdadero, y el público también contribuye a ello al aceptar de antemano las convenciones del teatro de que lo que allí ocurre está ocurriendo realmente (dentro de la realidad teatral de la que se hace cómplice).

En el performance no ocurre tal cosa. Si un artista tiene que inyectarse, se inyecta, no hace como si se inyectara (caso del teatro); si tiene que hacerse sangrar, se hace una herida para que fluya la sangre; si tiene que deshojar margarita durante horas, pues, deshoja las margaritas durante el tiempo requerido, y no como en el teatro que hay mecanismos para hacer que el espectador sienta el paso del tiempo cuando lo que en realidad hayan pasado sean unos minutos. En fin, que en el performance, el artista presenta la acción, no la representa.

Para precisar que el término se refiere a este tipo particular de arte (y no como lo emplean los anglosajones para designar a cualquier realización), el término en cuestión se hace acompañar de la palabra «Art», así, cuando nos encontremos con la combinación «Performance Art», nos estamos refiriendo a esa particular forma de arte donde el artista está presente, en un lugar determinado y trabajando en tiempo real.

En ocasiones, el público que observa una pieza de Performance Art, no comprende de inmediato de qué va la cosa, esto es, qué quiere significar el que lo realiza. Muchas veces esto es algo buscado por el artista, ya que lo que desea provocar en el espectador, es, justamente, esa sensación de no comprender de inmediato lo que ve, pero que, sin dudas, lo llevará a un posterior cuestionamiento sobre lo visto; lo llevará a confrontarlo con sus vivencias personales, tras lo cual, la pieza presenciada cobrará un particular sentido en cada espectador.

Hay que hacer la observación que lo apuntado en el último párrafo no es una característica sólo del Performance Art, sino de todas las manifestaciones de arte contemporáneo, sea cual sea el soporte adoptado: pintura, dibujo, instalación fotografía, gráfica…, ya que lo que prima en la contemporaneidad es el fondo (lo que se quiere transmitir), y no la forma.

Algunos creadores prefieren el término arte acción en vez del de performance, para denominar sus piezas.


¿Cómo cree que será la danza dominicana del futuro?

Merybell, aquí sólo me limitaré a referirme a la danza escénica (no a la folklórica ni a la urbana), por ser el medio en el que llevo a cabo mi incursión en esta disciplina.

Esta pregunta la vengo escuchando desde mis días de estudiante, hace más de 20 años atrás. Sin dudas, que en 20 años más, si aún estamos vivos, la seguiremos escuchando. Te señalo que en todo caso, nunca será suficiente el pedido que hacemos algunos creadores: falta estudio, investigación, apoyo, recursos y difusión para el desarrollo de la misma. Cada uno de nosotros sabremos en qué proporción podemos aportar nuestra cuota.


martes, 27 de octubre de 2009

Entrevista a Francis VIET

Entrevista inédita, realizada por Jochi Muñoz, el sábado 11 de octubre del 2003, en Santo Domingo, República Dominicana. Traductora: Mónica Lozano.

Francis VIET nace el 6 de abril de 1957, en Mont Saint Martin, Francia. Bailarín, profesor, coreógrafo. Fue miembro de la Wuppertaler Tanztheater, de Pina Bausch. Coreógrafo independiente. Ha incursionado en los medios audio-visuales.
Estuvo en Santo Domingo de septiembre a octubre del 2003, realizando el trabajo coreográfico para la puesta en escena de Muelle Oeste, de Bernard-Marie Koltès, dirigida por Moïse Touré, para la Compañía Nacional de Teatro, de República Dominicana, a la sazón bajo la dirección de María Castillo. La obra fue estrenada en la Sala Máximo Avilés Blonda, de la ciudad de Santo Domingo, el viernes 10 de octubre de 2003.



Francis, me gustaría saber con quiénes prefieres trabajar, ¿con actores bailarines o con bailarines actores?

Primero, no hay muchos bailarines que actúen. Prefiero trabajar en teatro; me llama más la atención... prefiero trabajar con actores.

¿Actores para ponerlos a moverse?

Actores, sí; en este momento.

En tu hoja biográfica vi que tu entrenamiento era en ballet clásico y en danza moderna; cuando entras a la Wuppertaler Tanztheater de Pina Bausch, ¿no fue muy fuerte la ruptura entre el entrenamiento realizado por ti durante tus años de formación y el tipo de trabajo que hacía Pina?, ¿cómo fue esa transición?

Fácil. Cuando realicé mi formación la hice precisamente para entrar a la compañía de Pina Bausch. Yo no hice una formación de danza para ser bailarín, sino, para entrar a esa compañía. La primera vez que vi un espectáculo de Pina Bausch, dije: “Yo quiero hacer eso que ella hace...eso...con ella, no otra cosa.” No hubo otras escuelas, otros talleres, otras ideas... nada; directo a la compañía de Pina.

Y ahora que estás trabajando fuera de esa compañía, los lineamientos que sigues, esto es, tus procesos creativos ¿se asemejan a la de Pina, o hay algo tuyo más personal?

Trato de encontrar una manera personal, pero no se puede negar que estoy muy influenciado por todo lo de Pina Bausch.

Durante el proceso de montaje, tanto de un ballet como de la parte danzada de una obra de teatro, ¿cómo enfrentas al bailarín, al actor?

Los toco... empiezo tocándolos. Doy un curso... digamos, un calentamiento, y ahí los comienzo a tocar. Primero establezco una relación de profesor con ellos... o sea, de posiciones del cuerpo... todo muy sencillo. Empiezo el primer contacto en un curso, en el cual puedo ver las posiciones, la geometría del espacio; el ojo, hacia donde va; clarificar cosas sencillas, pero que son básicas. Después, a la hora del montaje, sigo los mismos lineamientos. Dejo, más bien, que la gente sea libre, y lo que hago es esculpir. En el transcurso de lo que están haciendo, corrijo, esculpo, más que mostrar como hacerlo.

Luego de tu salida de la compañía de Pina, ¿los bailarines con los que has trabajado tienen formación en ballet, danza moderna u otro tipo de técnica?

Después de mi salida de la compañía de Pina, no he trabajado con bailarines; sólo con actores y artistas de circo.

¿Y el entrenamiento con ellos ha sido el mismo al que te referiste anteriormente?

Sí, el mismo.

En nuestro medio tenemos una duda sobre lo que es la danza-teatro. ¿Cómo defines tú lo que es ésta, a partir de tu experiencia con Pina?

Para mí es muy difícil decirlo, porque la danza-teatro nació con Pina Bausch, ella fue la que la creó, y yo estuve dentro. Es como preguntarle a alguien que esté en el agua “¿Cómo es el mar?” Te va a decir algo sencillo, como por ejemplo que “es mojado, húmedo, salado”..., pero no te podría decir exactamente qué es el mar. Yo tampoco podría decirlo con relación a la danza-teatro. Yo sé como proceder para hacer danza-teatro, pero no podría decir qué es.
Y sobre todo, a la danza-teatro fue la gente de fuera que le puso ese nombre...los críticos. Gente que ha analizado, que ha pensado...le puso ese nombre.
Pina ha trabajado por 30 años en ella, y si le llamaron por ese nombre fue porque encontraron que no era ni danza ni teatro. Fue una forma que ella encontró, cuando, 30 años atrás, decidió romper con las estructuras que traía del ballet. Pina nunca se ha instalado en un concepto, porque cada pieza que ella hace es un nuevo esfuerzo por encontrar algo nuevo. Hay un concepto que se instaló en la gente, pero no en el trabajo...; nosotros no decimos que hacemos danza-teatro. Pina misma no lo piensa siquiera; yo tampoco.
Con mi sensibilidad y con la de los otros intento hacer cosas, mezclar, y de ahí partir, y poder conducir a la gente al camino del silencio... a que se expresen sin palabras; pero siempre es una aventura emprender ese recorrido. Hay muchas cosas que intervienen, porque dependen de la gente, del medio... hay muchas cosas... de la pieza, de mí... No hay una receta que diga “Bueno, para hacer danza-teatro hagan así y así.” No, no existe.
Como con la gente que trabajé aquí, en Muelle Oeste [estrenada el 10 de octubre del 2003], primero trabajé la improvisación con cada uno, y de esa improvisación tomé elementos... Me acordé de todo lo que habían hecho... tomé elementos y le agregué cosas de mi creatividad, pero partiendo de la improvisación. Es mi manera de trabajar: primero, hacer que se improvise, y después agregar, combinar... Pero no siempre es forzosamente así, puede ser que no... pero es una forma que utiliza... la improvisación.

¿Interviene el uso de la voz en las improvisaciones?

Puede ser, pero en esta ocasión, no. En este trabajo realizado aquí no dispusimos de mucho tiempo, así que sólo trabajamos sobre el movimiento.
En el caso de que intervenga la voz, una forma de proceder sería hacer una pregunta y que la respuesta que se dé sea sólo corporal, o verbal o combinada; eso depende de la persona. Pero siempre partiendo de la pregunta que se lance. En el caso de Muelle Oeste, por el tiempo, sólo nos limitamos a movimientos.

En las puestas que has realizado con actores en proyectos anteriores, ¿el método de trabajo fue similar al empleado aquí?

Sí, en efecto.

Con la compañía de Pina, ¿se procede de igual forma?

Con Pina siempre es así.

El entrenamiento con Pina, ¿incluye clase de ballet?

Con Pina, todos los días tomamos clase de ballet, pero no el ballet clásico que todo el mundo conoce, sino una forma especial que se trabaja en Alemania, en el que se trabaja mucho la espalda.

¿Ese estilo fue creado en Alemania?

Sí, fue creado por Kurt Joos, Rudolf Laban... creadores... gente que ha pensado, reflexionado sobre técnicas del movimiento. En la escuela a la que asistí, la misma a la que asistió, previamente, Pina Bausch, se hace un trabajo muy fuerte de espalda, sobre todo... Es un trabajo muy particular éste, que solamente se encuentra allí, en Alemania.

Ese estilo de ballet, ¿tiene mucho contacto con el ballet clásico tradicional? Ya sea en los pasos, en las combinaciones...

Claro, obligatoriamente... en los plies... en los pasos básicos... sí. Son estructuras básicas que hay que saber. Para poder ir a lo contemporáneo, hay que pasar por ahí, por ese clásico. Es como en la arquitectura griega, que cuando vas a construir una casa, aunque no la hagas igual, debes pasar por ahí, por esas líneas puras, limpias... Es por lo que hay que pasar para llegar a hacer otras cosas.

Entonces Francis, tu consideras que para hacer danza moderna, ¿habría que pasar primero por el ballet?

Sí.

¿Necesariamente?

Hay muchas formas de trabajar el ballet clásico; hay una forma de trabajarlo que es exterior, hacia fuera; con Pina, en cambio el trabajo es interior... mucho... hacia adentro. La finalidad no es hacer piruettes, ni hacer líneas... es más bien, pasar por ahí, y olvidarlo; saber hacerlo, y olvidarlo.

Volviendo al entrenamiento con Pina, ¿entrenan la voz?

No, no se entrena la voz. De todas formas, en los montajes de Pina no hay muchos textos... no los hay. Y cuando los hay, éstos vienen de las improvisaciones. Nunca tomamos un libro y decimos “hagamos este texto”... no, eso no. Puede pasar que una poesía corta se emplee, pero sin trabajar la voz, sino, así...natural, sin trabajar la voz.


Entonces, ¿nunca hay textos teatrales, dramáticos elegidos de antemano?

Una vez tuvimos algo así con la adaptación del Macbeth, de Shakespeare... se trabajó eso; pero por lo general no, nunca lo empleamos.
Para Pina todo es danza... lo mismo que si le dicen después que lo que hace es teatro, que es aquello, o lo otro; para ella todo es movimiento. Ella se hacía muchas preguntas sobre el límite de dónde se termina el baile... la danza... porque puede ser que el simple gesto de tocar a alguien sea danza. Ella siempre se preguntaba eso... “¿hasta dónde?” Es por eso que ella trabaja con bailarines que se entrenan todos los días.

En cambio, Francis, tú prefieres trabajar con actores, como señalaste anteriormente...

Sí, por el placer. Es un gusto para mí trabajar con actores. El actor es más inocente que el bailarín para moverse, más ingenuo.

¿Tú estableces o ves alguna diferencia entre las llamadas danza moderna y danza contemporánea?

No sé que es la danza moderna... no sé que es la danza moderna, tampoco sé que es la danza contemporánea. Yo trabajo, solamente; yo no me pregunto esas cosas. No te lo puedo contestar, porque nunca me lo he preguntado.

Lo pregunto, porque como hay técnicas, como las de Graham, Horton, Limón..., que se estudian y clasifican como danza moderna, por un lado, y otras, más recientes, como danza contemporánea, quería saber tu apreciación sobre el particular...

No sabría como contestarte. Yo trabajo, yo hago unas cosas...lo que me piden, lo que yo quiero...; después, si la gente viene y me dice lo tuyo es moderno, contemporáneo, danza-teatro, u otra cosa, entonces digo: “Está bien.” En el caso de Muelle Oeste, trabajé con actores, pero no sé si en verdad es danza-teatro. “¡Ah!, mira, esto es danza-teatro lo que estoy haciendo.” No. Yo mismo no me hago la pregunta. No sé si será eso lo que estoy haciendo, o es sólo una propuesta sin nombre, o una tentativa, sólamente. Se intentó hacer un principio de un camino con alguien, por ejemplo, con esta gente de Muelle Oeste, juntos... el director, la pieza de Koltès, los actores... se intentó hacer un pequeño camino de algo y de intentar encontrarse en algún lugar, mediante el trabajo. Este encuentro es el resultado que vimos ayer [en el estreno de Muelle Oeste]; después, si es danza-teatro, o si no, eso es ya otra cosa que yo no podría decir qué es. Ese no es mi trabajo; eso es de los críticos.

En las piezas que has coreografiado fuera de la compañía de Pina, ¿qué temas prefieres?

Siempre, por más que busques, siempre vamos a llegar a los hombres y las mujeres; siempre vamos a regresar a ese punto; a sentimientos humanos. Una pieza siempre son relaciones, se cuentan historias: el amor, el odio, la soledad, la tristeza, la felicidad... Son siempre hombres y mujeres, como la vida cotidiana. Siempre regreso ahí, a hablar de los hombres y las mujeres, de sus relaciones. ¿Tú no piensas eso?

Claro.