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viernes, 14 de septiembre de 2012

El artista es un guerrero



[El presente texto lo preparé atendiendo a la invitación del colectivo ColeActivo para participar en la actividad  El Performance - Conversatorio, dentro de las actividades de la exposición Equipaje compartido, la noche del jueves 13 de septiembre de 2012, en la Galería Nacional de Bellas Artes, Palacio de Bellas Artes, en Santo Domingo, Rep. Dominicana. Al evento fue invitado, también, el performero  dominicano Francis Taylor]



El artista es un guerrero

Por Jochi Muñoz

En, prácticamente, 24 horas tuvieron lugar dos acontecimientos que me han llevado a hacer un alto, a respirar y a repensar lo que he hecho, y, por supuesto, lo que haré en lo futuro. Fausto, el uno; tristemente, infausto, el segundo.

El primero de ellos, fue la inauguración de la exposición Sudarios, de la fotógrafa colombiana Érika Diettes, en la Capilla de Nuestra Señora de los Remedios, el jueves 6 del corriente, en el marco de Photoimagen 2012, organizado por el Centro de la imagen.

Al entrar al recinto que alberga la expo, nos encontramos con una serie de lienzos colgados, dispuestos para que el espectador tenga que deambular entre ellos, a modo de laberinto. Se trata de 20 retratos de estudio, realizados con el máximo control de los aspectos técnicos, tanto durante las sesiones de posado ante la cámara, como durante el proceso de impresión de los mismos. Los datos de la ficha técnica: Fotografía digital / Blanco y negro. Impresa sobre seda. 2.28 x 1.34 m.

                        Érika Diettes, Sudarios, Capilla Ntra. Sra. de los Remedios (2012)                        

Aparte de eso, ¿qué es lo que de particular tiene esta muestra? Sencillo: La artista se relacionó durante casi un año con mujeres que habían sufrido pérdidas de familiares cercanos (padres, esposos, hijos) a manos de grupos armados, en Colombia, las que, finalmente, accedieron a ser fotografiadas por Diettes, para, mediante sus retratos, y dado que ellas no disponen de otra vía, hacer conocer al mundo la situación de violencia por la que atraviesa buena parte del país.
                                                                                               
Esas mujeres se trasladaron al estudio de la artista, desde diversos puntos del país, y en sesiones individuales, y acompañadas por una terapeuta, contaron una vez más los recuerdos de esas experiencias de pérdidas sufridas. Mientras, la artista les hacía los retratos.
                                                                                                          
En esos 20 sudarios expuestos, está contenida una verdad: el dolor de un pueblo que se desangra. Una relectura por parte del público podría hablarle de la violencia ejercida a cualquier comunidad o a cualquier grupo o ser humano marginado y discriminado. Más aún, esos 20 sudarios son el fruto de un trabajo comprometido por parte de la artista.

                                 Érika Diettes, Sudarios, Capilla Ntra. Sra. de los Remedios (2012)                           

El segundo acontecimiento, el infausto, fue la triste noticia, conocida el viernes 7 del corriente, del fallecimiento de un artista del que venía siguiendo su obra…: Marcus Vinícius. 27 años, y con todo el mundo por delante, en sentido figurado y en sentido literal. Pero partió a otro plano.

    Marcus Vinícius, Habitar, (Fotografía digital, 2010)                                                                                 
Era un artista visual brasileño que, prácticamente, vivía y trabajaba en el mundo. Estudió Performance en la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Federal do Espírito Santo (UFES), y en la actualidad estaba establecido en Buenos Aires, para concluir su Doctorado en Arte Contemporáneo Latinoamericano, en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Desde 2007, se desenvolvió en varios medios: vídeo, fotografía, instalación, dibujo y performance, en trabajos en los que dejaba, usando una jerga teatral, la piel. Esto, en muchos casos, no sólo en sentido figurado.

En su página web podemos leer: “El cuerpo ha sido a la vez el sujeto y el medio. Explorando los límites físicos y mentales de su ser, él ha soportado el dolor, el cansancio, el silencio y el peligro en la búsqueda de la transformación emocional y espiritual en obras duracionales. Explora las dicotomías: acción / inactividad; movimiento / quietud; presencia / ausencia. El silencio, la lentitud, los gestos mínimos son características comunes reconocibles en sus obras.”
                                                                                     
                                Marcus Vinícius, The Presence of the World in Me (Performance, 2011)                                          
Su producción la conozco sólamente a través de la documentación asequible por Internet, y se me antoja, al igual que la de Diettes, revestida de una gran pasión y entrega. Una forma de canalizar pulsiones contenidas en su cuerpo.

Estos dos sucesos a los cuales acabo referirme, hicieron que todo el plan de lo que tenía para tratar en este conversatorio, se echara para atrás. Miles de cosas me golpearon la mente. ¿De qué hablo? ¿Cómo lo digo? ¿Qué relevancia tiene eso? ¿Sería suficientemente motivante como para exponerlo antes los amigos que nos dan el respaldo de estar esta noche con nosotros? ¿Sería suficientemente responsable el abordaje? En pocas palabras: Si lo que pensaba tratar mostraría un decente nivel de compromiso.

Toda esa avalancha de cuestionamientos me produjo cierto nivel de ansiedad, pero con el aliciente de que al final, saldría… saldríamos, gananciosos ante el hecho de sincerarnos, tanto en lo personal como en lo artístico. En muchas ocasiones he expresado la frase de que “no basta con pararnos ahí con la cabeza adornada de lechugas y dar dos brincos, y creernos que eso es ya un performance.” Pero… y siguiendo con el cuestionamiento al que me he sometido, ¿por qué no lo sería? Bueno... ya nos contestaremos esto más adelante.

Me viene a la mente, ahora, algo que me expresara Marily Gallardo a la salida del panel “Una nueva mirada a la performance”, efectuado en el Auditorio del Museo de Arte Moderno (MAM), el viernes 9 de agosto de 2009, como parte de los eventos teóricos de la 25 Bienal Nacional de Artes Visuales. Perpleja, me hizo la observación que lo que ella hacía a principios de los ´90 nada tenía que ver con lo que hacemos ahora los performeros en ejercicio.

                                                            Marily Gallardo

Ella se extrañaba de que en el panel no se hubiese tocado lo referente a “¿qué pasó que las cosas cambiaron?”, y desilusionada se preguntaba “¿por qué no se reflexionó en torno a ello?”. Vale señalar que la Gallardo fue PREMIO en la XVII Bienal Nacional de Artes Plásticas, en 1990, y en la XIX, en 1994, en Categoría libre, y que, desde hace años, está alejada del quehacer del performance y dedicada a su oficio de bailarina, coreógrafa, profesora, investigadora de los aportes afro a nuestra cultura, encaminando todo esto a la gestión cultural de un proyecto que desarrolla en la comunidad de Los Mercedes, próxima a Villa Mella.
                                                                          
“¿Por qué no se reflexionó en torno a ello?” En esta frase de Marily está incluida la palabra clave que hará que todo proyecto marche: Reflexionar. Podríamos preguntarnos si, realmente, lo que hacía esa artista y otros más en esos años, era una cosa diferente a lo que hacemos hoy en día; o si esto último es el fruto de la evolución de aquello; o si son cosas que coexistieron, o mejor aún, si coexisten. Esto queda para que cada uno de nosotros nos lo respondamos.

Sea cual fuere el medio; sea cual fuere la manera de proceder dentro del mismo, es importante conocer las particularidades de éste; y en los casos en que el artista trabaje en diferentes, cuál o cuáles son los más a propósitos para desarrollar un proyecto en particular. Para esto habría que echar mano, vuelvo a señalarlo, a la palabra clave de Marily: Reflexionar.

En la medida en que se haga, en esa misma medida podremos involucrarnos, enamorarnos, hacer realmente propio un proyecto, y hacer que el producto resultante se mantenga en pie, gracias al proceso investigativo que está detrás, y que sin mostrarse abiertamente, deje traslucir la verdad implicada. El teatrista dominicano Manuel Chapuseaux, dice que cada espectador posee algo que él llama “sentido de la verdad”, gracias al cual uno se da cuenta de que algo funciona o no funciona.
                                                                                           
                                                                                Érika Diettes, Sudarios, Capilla Ntra. Sra. de los Remedios    (2012)

Quien asista a la exposición de Érika Diettes, ya mencionada, podrá no conocer todo el rollo del proceso previo, pero al enfrentarse a los lienzos, podrá poner en juego ese “sentido de la verdad” del cual habla Chapuseaux; podrá sentir que algo hace que los mismos se mantengan en pie, se mantengan incólumes ante el peso que encierran. Aunque, paradójicamente, en lo formal, no cuelguen de la pared, sino en el centro mismo de la sala, y por tanto, susceptible de balancearse constantemente, tanto por la acción del aire como por los toques de los asistentes. Pero esta solución de montaje es fruto, también, de las horas de reflexión de la artista.
                                                                        
Esto que digo, no es nada nuevo, y todos los aquí presentes lo sabemos, pero es bueno y oportuno mencionarlo de vez en cuando, como elemento motivador (instigador, diría la Gallardo) para un intercambio de pareceres entre todos.
                                                                                                    
Centrándonos en la disciplina que nos convoca esta noche, el performance, creo que ante todo, debemos tener muy claro qué es esto; “con qué se come”, como lo expresara una vez el mexicano Pancho López. O yendo un poco más lejos, como se preguntó, la también mexicana, Rocío Boliver (La congelada de uva) al iniciar una charla ante un grupo de estudiantes, “¿Para qué sirve la performance?”, contestándose, a seguidas, “No tengo la más puta idea”. Esto, buscando provocar en el auditorio esa desazón tan indispensable para llegar a acercarnos a las cosas.

Las definiciones de performances son incontables. No se asusten, que no vamos a agobiarnos con la lectura de las mismas; aunque sí voy a destacar una frase en particular que dice: “Definir el performance es redactar su epitafio”. Pero, cuidado, que pudiéremos perdernos.

Algo que creo debemos tener suficientemente claro, es de dónde proviene el sustantivo performance y su forma verbal to perform. Richard Schechner, un estudioso de los llamados Estudios de Performance, nos dice, referido al ámbito anglosajón, lo siguiente: “En los negocios, los deportes, el sexo, to perform es hacer algo según una norma: tener éxito, sobresalir. En las artes, to perform es montar un espectáculo, una obra teatral, una danza, un concierto. En la vida diaria, to perform es aparentar, ir a los extremos, subrayar una acción para que los están mirando.”

Vemos, pues, que por esos lares, el término es una especie de sombrilla que cobija, prácticamente, tanto la conducta del humano, la conducta animal, el rendimiento de una máquina… y en lo que respecta a lo artístico, performance es cualquier actividad que toque la esfera del arte.

En Latinoamérica, en cambio, no encontramos esa multiplicidad de aplicación del término, sino, que se circunscribe al tipo de arte en que es preciso que el artista esté presente en el aquí y el ahora, y en el que presente una acción, y no que la represente, ya que NO es teatro. Para fijar con mayor precisión este uso, se emplea el término Performance Art. En cuanto al género del término, unos prefieren el performance, otros, la performance. Hay quienes prefieren, en cambio, la denominación de acción o arte acción, en vez de la de performance; hay quienes la emplean indistintamente, y hay quienes establecen una diferencia.

Pero, aunque delimitado el término por nuestras latitudes, no nos libramos del uso sombrilla del mismo para guarecer manifestaciones variopintas, tanto artísticas como de animación, en las que el cuerpo esté haciendo acciones. Vistas así las cosas, pudiéremos decir que hay tantos tipos de performances como artistas haya. Un grupo de artistas se identifican más con una manera de hacer, mientras que otros experimentan y exploran con disímiles procederes. Válidos todos, siempre y cuando estén fundamentados en unos procesos de reflexión, que nos lleven a ser conscientes de cada elemento implicado; de por qué hacemos eso así. Se pudiese separar el grano de la paja.
                                                                                                                     Dra. Maja Horn
En mi caso particular, debo señalar ante todo, que mi formación de base es en las artes escénicas, particularmente la danza: folklórica, ballet, moderna, contemporánea, cuyos códigos de movimientos fui asimilando y archivando en mi cuerpo durante mi fase de preparación como intérprete. Cuando se me despierta el deseo de la creación, empleo ese bagaje a discreción, a la vez que me aventuro por otros senderos en busca de nuevos materiales. En ese deambular, en 2006, llego a los predios del Performance Art, a través del Diplomado en Estudios de Performance, coordinado por la Dra. Maja Horn, y en él (en el Perforance Art) encuentro el medio idóneo para canalizar mis pulsiones de modo apropiado.                                                                                                                                                                                           
Tanto en la danza como en el performance, he tenido la suerte de estar en contacto con profesores, compañeros y amigos generosos de los cuales recibo orientaciones puntuales que me han permitido ir desbrozando todos los escollos que he encontrando en mi camino. Ya como performero, las atinadas conversaciones con Clara Caminero, Francis Taylor, Jorge Pineda, Lina Aybar, Sayuri Guzmán, entre otras y otros, me han llevado, casi siempre, a repensar, a modificar, a desestimar proyectos tras someterlos a horas de reflexión. Entraba en arduas batallas en las que, muchas veces, creía que iba a desfallecer.

En reiteradas ocasiones me he visto precisado a dejar archivado algún proyecto, el que tras meses, en unos casos, y años, en otros, retomaba emprendiendo de nuevo el batallar. Me sonrío, mientras escribo este párrafo, acordándome de las muchas observaciones que me han hecho (y de casos en que no me lo externan, pero sí lo piensan) de que lo que hago… mejor expresado, de que lo que hacemos los performeros es fácil y no conlleva mucho esfuerzo.

Marcus Vinícius, The artist is Warrior
Eso último es una trampita en la que caen muchos espectadores, y peor, algunos artistas que desean incursionar en la disciplina “porque es cool”. El resultado obtenido por estos, no tenemos ni que comentarlo. Lo que sí digo, y con esto finalizo, es que al margen del medio elegido por el artista, para lograr trabajos como el de Érika Diettes, Marcus Vinícius y otros más, eso sólo se alcanza tras librar arduas batallas de reflexión.

Algunos de ustedes se preguntarán, ¿y qué de los recursos financieros, de gestión, de facilidades…? Eso es tema para un próximo encuentro.

Muchas gracias, y buenas noches.



                                                                               

         

                                                                                 


                                                                                Santo Domingo, Rep. Dominicana

                                                                                Miércoles 12 de septiembre de 2012









viernes, 24 de febrero de 2012

De cómo armar un rompecabezas cuyas fichas o no están o no encajan por ser de otro o, simplemente, porque ni fichas son

El presente texto de Jochi Muñoz fue leído por él, el miércoles 22 de febrero de 2012, en el conversatorio "La historia reciente del performance dominicano", dentro de la programación del Festival Internacional de Performance INDEPENDENCE-DO, 2012. Auditorio del Museo de Arte Moderno, Santo Domingo, Rep. Dominicana. Lecturas de: Geo Ripley, Pascal Meccariello, Jochi Muñoz y Eliú Almonte. Moderador: Amable López Meléndez.


De izquierda a derecha: Pascal Meccariello, Geo Ripley, Amable López Meléndez, Jochi Muñoz y Eliú Almonte
(Foto: José Ramia)
 

            Festival Internacional de Performance INDEPENDENCE-DO, 2012
Museo de Arte Moderno
Santo Domingo, Rep. Dominicana
Miércoles 22 de febrero de 2012



De cómo armar un rompecabezas cuyas fichas o no están o no encajan por ser de otro o, simplemente, porque ni fichas son


I

De cómo quien subscribe comprendió que un comentario de Marily Gallardo es una ficha a encajar


Perpleja, Marily Gallardo, artista dominicana de la escena y PREMIO en la XVII Bienal Nacional de Artes Plásticas, en 1990, y en la XIX, en 1994, en Categoría libre, me hizo la observación que lo que ella hacía a principios de los ´90 nada tenía que ver con lo que hacemos ahora los performeros en ejercicio. Esto me lo manifestó a la salida del panel “Una nueva mirada a la performance”, efectuado en el Auditorio del Museo de Arte Moderno (MAM), el viernes 9 de agosto de 2009, como parte de los eventos teóricos de la 25 Bienal Nacional de Artes Visuales.

Más, aún, la Gallardo se extrañaba de que en el panel no se hubiese tocado lo referente a, en sus palabras, “¿qué pasó que las cosas cambiaron?”, y desilusionada se preguntaba “¿por qué no se reflexionó en torno a ello?”. Vale señalar que esta artista está alejada del quehacer del performance, desde hace años, y dedicada a su oficio de bailarina, coreógrafa, profesora, investigadora de los aportes afro a nuestra cultura, encaminando todo esto, en los últimos años, a la gestión cultural de un proyecto que desarrolla en la comunidad de Los Mercedes, próxima a Villa Mella.

       
En el evento citado, intervinieron como panelistas Dionis Figueroa, artista plástico y performero dominicano residente en Puerto Rico; Geo Ripley, artista multifasético; Clara Caminero, historiadora del arte y, a la sazón, curadora del MAM y Sayuri Guzmán, también historiadora del arte, artista del performance y PREMIO de esa Bienal. La moderación estuvo a cargo de Amable López Meléndez, crítico de arte y Curador del MAM.
                                       
En su intervención, el señor Figueroa, se dedicó a señalar la diferencia entre el quehacer teatral y el del Performance Art. Se alinea, sin dudas, en la radical posición que al respecto tiene el venezolano Carlos Zerpa, performero e investigador, quien de manera lacónica, tajante, taxativa, lapidaria, asevera que “el Performance NO es teatro”.

Geo Ripley, por su parte, hizo un recuento de su desempeño como artista del performance, de más de tres décadas.

Clara Caminero y Sayuri Guzmán, quienes conforman el proyecto de curaduría independiente Arte-estudio, presentaron en conjunto una ponencia historiográfica en la que trataron, en su primera parte, sobre los artistas fundamentales que incursionaron en el performance desde los años ´60 a los inicios de los ´90, entre los que señalaron a Soucy de Pellerano, Silvano Lora, Orlando Menicucci, Yi-Yoh Robles, y los ya mencionados, Dionis Figueroa y Geo Ripley.

En la segunda parte de su intervención, se refirieron, específicamente, a nueve artistas en pleno ejercicio, de los cuales conocen bien sus propuestas porque han participado en eventos organizados por su colectivo. Estos son: David Pérez Karmadavis, Fermín Ceballos, Sayuri Guzmán, Lina Aybar, Citlally Miranda y José Pión (que por lo general trabajan juntos en sus propuestas de performance y/o arte sonoro, aunque siguen carreras independientes al trabajar en otros medios), Francis Taylor y Jochi Muñoz.

En el turno de las preguntas y comentarios por parte del público, Miguel Ramírez, artista plástico, performero, actor, y PREMIO en la 25 Bienal (y en otras anteriores), señaló que en su ponencia Caminero y Guzmán no realizaron un análisis a consciencia de la evolución del Performance, y que omitieron nombres con méritos para haber sido incluidos. Es decir, que faltaron fichas (esta expresión la digo yo).Tal es el caso, señaló Miguel, de Marily Gallardo.

Esto nos lleva al inicio del presente texto, cuando la Gallardo, perpleja y llena de dudas, me comentó lo ya señalado.


II

De cómo quien subscribe llegó a eso que se llama Performance, y que casi nadie sabe qué carajo es


Corría el año 1981 cuando por vez primera me vi participando en algo que se denominaba performance. En efecto, Geo Ripley cursó una invitación al Ballet Folklórico Dominicano, dirigido por Fradique Lizardo, para que varios de sus integrantes participaran en la pieza Símbolos sincréticos que presentaría en el programa televisivo “El gordo de la semana”, conducido por Freddy Beras Goyco, en Color Visión, canal 9.

Durante la realización de la pieza Geo fungía de narrador, mientras, Juan Valoy pintaba sobre un gran papel extendido sobre el suelo, a modo de lienzo (que ahora me hace pensar en el action painting, de Pollock y en las Antropometrías, de Klein), a la vez que los bailarines evolucionábamos con movimientos libres, improvisados sobre el soporte, lo que hacía que lo pintado por el artista se fuera modificando. En un momento, Geo empezó a pintarnos el cuerpo, y, luego, también nosotros lo hicimos unos a otros. Enriquecedora experiencia para mí, en ese entonces, y de grata recordación, en éste.

Durante las décadas de los '80 y '90, en el imaginario del público estaba presente esta forma de hacer performance que, por lo general, involucraba a artistas de la danza, a teatristas, a músicos (generalmente, percusionistas), y en los casos en que autor del mismo fuera pintor, éste, por supuesto, tenía un rol predominante, como en el caso de la pieza de Ripley ya citada. Y en casi todos los casos que recuerdo, tenían un marcado carácter espectacular.

Se dio el caso de un grupo de amigos, tanto estudiantes como recién graduados de teatro, que crearon una serie de “performance” sin que intervinieran pintores, aunque, en ocasiones, fueron preparados a pedido de estos para ser realizados la noche inaugural de sus exposiciones pictóricas. Lo creado, como cabría suponer, estaba muy apegado a la formación teatral, y en ocasiones, dancística, de sus creadores y/o ejecutantes. Entre estos jóvenes, recordamos a: Bethania Rivera, Loraine Ferrand, Francis Taylor y Juancito Rodríguez, entre otros. En la actualidad, los cuatro se dedican al teatro, mas, Loraine ha estado involucrada, también, en algunas acciones performáticas, y sólo Francis, se ha planteado ser, a la vez, artista del teatro y artista del Performance Art.

El resultado de lo creado por ellos, eran piezas a las que se les podía aplicar, sin dudas, el término performance en el sentido amplio dado al mismo en el ámbito anglosajón, por ser una representación artística; mas, no en el sentido de lo que se conoce fuera de ese entorno geográfico, como Performance Art o arte de acción. Esto es, algo que, además de ser en vivo, ocurra en un lugar y tiempo presente (en el ahora), y que, sobre todo, en el que no se represente una cosa, sino, que se presente.

Volviendo a la obra de Marily Gallardo, a la de Bienal de 1990, y que tuviera como co-creadora a la artista canadiense Marlen Saint-Pierce, ésta fue el resultado de muchas horas de entrenamiento corporal y ensayos. Exploraron el uso del espacio, el manejo de la energía, la interacción de los cuerpos y el manejo del peso. A mi entender esta pieza es, también, un performance en el mencionado uso del término entre los anglosajones. Esto es, representación artística; danza en éste caso; no performance, en el sentido de Performance Art o arte de acción.


III

De cómo quién subscribe echa de menos no tener a la mano las fichas precisas que le permitan tener una panorámica del desarrollo del performance, y de cómo se rompía, literalmente, la cabeza (pero desistió) pensando en cuándo ocurrió el clic que hizo que lo que hacen ahora los performeros nada tenga que ver con lo que hacía Marily en los ´90


En la vida todo es un continuo; una serie de eventos que se solapan unos a otros, que conviven un tiempo, manteniéndose algunos por un lapso considerable; que languidecen algunos, para luego reavivar su llama y mantenerse o desaparecer lenta o rápidamente, y que dan paso a otros tantos. Por ende, no es posible fijar un hecho o un momento preciso como el final o el inicio de cualquier época, fase o movimiento.

                                                        Jochi Muñoz (Foto:José Ramia)

Por tanto, no es posible considerar que bastó un solo clic para que los performeros que ahora “hacen cosas diferentes a las que hacía Marily” hayan surgido en el ámbito artístico dominicano.

Lamento, realmente, que no dispongamos de una historiografía completa del performance, sin la cual no es posible saber a ciencia cierta quiénes hicieron cosas, en qué año, con quiénes trabajaron, qué temas abordaron, qué formación tenían esos artistas…, y a partir de lo cual insertar ese quehacer en el panorama cultural y social de nuestro país, y poder, así mismo, contrastarlo con lo que se hacía en otras latitudes. Sin conocer esa historiografía, al intentar hablar de algo o alguien, se producirán omisiones o se incurrirá en imprecisiones que entorpecerían un proceso de análisis concienzudo.

Además de Soucy, Silvano, Geo, Orlando, Yi-yoh, y, posteriormente, Miguel Ramírez, Ingrid Madera, Charo Oquet, Raúl Recio…, hay que saber quiénes más incursionaron en la disciplina. Comprobar si algunos de ellos hacían también cosas diferentes a las que hacía Marily. Recordamos a Silvano, quién además de la realización de sus murales efímeros (que él, llamaba “procesos creativos”), ocasión en que se hacía acompañar de percusionistas y bailarines, realizó también acciones alejadas de ese despliegue escénico que involucraban estos, tal como la realizada el 30 de enero de 1992, cuando se embarcó en el río Ozama, junto con otra persona en sendos cayucos, para acercarse a las réplicas de las tres carabela de Colón que, con motivo de las celebraciones del “V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América”, habían arribado a nuestro puerto. Silvano no fue indiferente ante este hecho, y llevó a cabo tal acción en protesta ante esta efeméride.

El caso también de Orlando Menicucci, del que no tengo el dato preciso, sólo una vaga referencia, pero que lo traigo a colación para que él mismo, u otros, aporten los detalles pertinentes. Se trata de la acción que realizó en sus días de estudiante, en la hoy Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, c. 1970, en Santiago, en la que utilizó un marco, tras el cual accionaba.

He de señalar, que ya en los ´60, en EE. UU. se hacían cosas con las que se emparentan mucho de lo que hacen los performeros, actualmente, en nuestro país. El mayor énfasis puesto en el concepto, como ocurre en las nuevas tendencias no pictóricas, al parecer fue tenido en cuenta por aquellos artistas (de la plástica o no) interesados en trabajar con su cuerpo. Así, todo ese carácter espectacular de las piezas, esto es, la conjunción de danza, música, actuación, el empleo de parafernalia llamativa, el accionar mismo del pintor…, no prendió entre una parte de los performeros de nuestro país, a favor de una obra más recogida, más contenida, por así decirlo, donde el artista “sacrificaba” todo ese despliegue de recursos humanos y de efectos teatrales, en pro de una destilación del concepto per se.

No fue que lo que hacía Marily cambiara con el tiempo, que deviniera en algo diferente, sino, que es otra cosa, otra manera de accionar, otra manera de jugar al performance. Antes, durante y después de Marily, sí se hacían esas cosas diferentes a la que ella hacía. Y tan válida es una manera como la otra.

Se hace perentorio que las personas con investigaciones en el área, ya hechas o a medio hacer, las den a conocer, como también, aquellas que poseen un acervo valioso de información en sus cabecitas (fichas), las compartan por el medio que sea.

Dicho esto, señalo algo que para mí fue fundamental. Con la llegada del Internet, nos embarcamos en la aventura de estar en contacto con acontecimientos de los que sólo teníamos referencia por los escasos medios impresos o grabaciones que encontráramos o por referencias orales de algún amigo o conocido. Aún recuerdo los pedidos en préstamo de mis amigos de un VHS (bastante mal grabado, por cierto) que poseía, con fragmentos de algunas de las piezas de Pina Bausch, la alemana creadora de la danza-teatro. Ahora, podemos acceder a casi todo su repertorio colgado en Youtube. Y lo mismo ocurre con la documentación de los performance históricos.


IV

De cómo quién subscribe va a dedicar los escasos minutos que le restan para armar las fichas de lo que en realidad Eliú le solicitó: El estado actual del performance en la Capital


Sin dudas, que desde ese 1981, en que participé en la pieza de Geo (mi bautizo en el performance), han pasado cosas positivas en el devenir de la disciplina. Entre ellas, la abolición, en 2003, de la horrorosa e ¿irresponsable? Categoría libre (donde caía cualquier cosa que no fuera pintura, dibujo, escultura, grabado, cerámica, fotografía… ) de las bases de la Bienal Nacional, y la consiguiente creación de las pertinentes para las disciplinas antes revueltas en aquella. Con esta reestructuración, al performance se le ha ubicado en la llamada Acciones plásticas (que incluye las acciones visuales, sonoras y performáticas).

Sí fue desalentador que en la Bienal de ese año, como en las dos subsiguientes, no fuera incluido ningún performance entre las obras seleccionadas. Las razones, que conocimos de modo extraoficial, nos dejaron, aún, más desconcertados que el mismo hecho de no haberse tomado en cuenta la disciplina. En cambio, sí lo fue una de las piezas incluidas, junto con el performance, en la categoría Acciones plásticas, en la edición de 2007. Se trató de una acción sonora, de José Pión, que alcanzó a ser PREMIO, a la que se adjudicó el mismo calificándola de “acción performática”, y no sonora.

A partir de 2009, al performance volvió a sonreírle la oportunidad en los concursos, ya que en la 25 Bienal de ese año y en la de 2011, la disciplina no sólo estuvo representada entre las obras seleccionas, sino que algunas alcanzaron a ser premiadas. Así, en 2009, fueron seleccionadas piezas de Francis Taylor, Sayuri Guzmán y José Pión, como también, un video-performance, de Jochi Muñoz. Lograron premios, la de Sayuri, Toda la verdad, y el video-performance díptico, de Jochi.

En la 26 edición de la Bienal (2011), fueron seleccionadas piezas de Eliú Almonte, Elvin Díaz, Sayuri Guzmán, Jochi Muñoz y David Pérez Karmadavis, logrando premio la pieza La casa, de Eliú.

Por igual, en la revisión de las bases para el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, del año 2010, se incluyó al performance. ¡Bravo! Fueron seleccionados dos, uno de Sayuri Guzmán y el otro David Pérez Karmadavis.

En otro orden, es digno de resaltar el papel que desde 2004, año de su fundación, viene desarrollando, el ya mencionado proyecto Arte-estudio, surgido, según expresan sus creadoras, “de la necesidad que enfrentan los artistas dominicanos, principalmente los emergentes, para realizar propuestas artísticas en instituciones o espacios establecidos”, encargándose, desde sus inicios, de realizar curaduría, coordinación y producción de exposiciones, encuentros de performances, como además, la realización de conversatorios y talleres. En reiteradas oportunidades han contado con el apoyo del Centro Cultural de España.

Otro espacio curatorial surgido más recientemente, en abril del 201l, es el El Salón Grupo Curatorial, regenteado por Aurora Martínez, Michelle Ricardo y Raphael Rosario, quienes expresan que: “El Salón cree en la necesidad de conectar arte y comunidad para impactar positivamente la calidad de vida de sus habitantes”, por lo que entre sus responsabilidades están la de curar, organizar presentaciones de arte, realizar talleres. Precisamente, organizaron el Taller Autología del Performance, a cargo de Josefina Báez, artista dominicana de la escena y la literatura residente en EE. UU., llevado a cabo con el respaldo del Centro Cultural de España, en diciembre pasado.

Tenemos, también, el proyecto Arte de Incertidumbre –Miami/Santo Domingo, con tres ediciones realizadas en la Capital, el que es organizado y producido por Edge Zones, dirigido por Charo Oquet. Esta es una organización sin fines de lucro, localizada en Miami, cuya programación abarca una amplia gama de los medios contemporáneos: fotografía, instalación, pintura, performance, arte sonoro, escultura y video.

Continuando con la mención de celebraciones realizadas en la Capital, no podemos dejar de referirnos a esta segunda edición de INDEPENDENCE-DO, cuyo pueblo natal, Puerto Plata, decidió compartir con Santo Domingo la sede del mismo. Cuenta, esta vez, con el apoyo de Museo de Arte Moderno y el Centro Cultural de España.

Tras mencionar estas cosas que van abonando, sin dudas, el terreno donde se planta el performance, se podría creer que el mismo se cosecha a granel. No. Es cierto que él está vivo, que él respira, pero se requiere aún más, mucho más, tanto de lo que recibimos como de lo que ofrecemos.

En la medida en que nos profesionalicemos, en esa misma medida podremos demandar más apoyo, y, más aún, y más importante, concitaremos mayor respeto por el oficio. No basta con pararnos y hacer dos cosas, y ya eso es un performance, si ese “hacer dos cosas” no está sustentado en un proceso de conceptualización sólido que haga que lo que emprendamos se sostenga en pie. Nunca será suficiente lo que podamos leer, estudiar, ver…, siempre se requerirá más.

El año 2006 es fecha clave en la historia del Performance, en Rep. Dominicana. La Facultad Latinoamericana de Estudios Sociales (FLACSO), ofreció un Diplomado en Estudios de Performance, coordinado por la Dra. Maja Horn, en el cual, durante las horas de trabajo, y voy a personalizar lo que diré a seguidas, fui comprendiendo y asimilando una serie de cosas con las que había estado en contacto, pero que a la luz de las discusiones y reflexiones, pude reafirmar algunas de ellas, y reconsiderar otras tantas, y aprender muchas más. La vía que venía buscando, desde hacía varios años, para encaminar mis procesos creativos por otros senderos, se me abría finalmente.

En la actualidad, aquí en la Capital, no se estila realizar piezas al modo de Silvano, Geo, o Marily, aunque la gama de propuestas es variopinta. A partir de 2000, fue cobrando fuerza entre un grupo de artistas el hacer performance con la consciencia de que éste NO es teatro, aunque sin llegar a extremos de inflexibilidad. El más antiguo de que tengo conocimiento, es Reality Show, de Francis Taylor, realizado en el Centro Cultural de España, en 2000.

Recordemos que Francis venía haciendo performaces desde mediados de los ´90, pero en la década siguiente encausa su manera de hacerlo, fruto de sus lecturas, y en gran medida, gracias a, ¿paradoja?, un taller de artes escénicas. Se trató del primer Taller de Integración de las Artes Escénicas (1996), impartido por el director y gestor español, Guillermo Heras, traído por el Centro Cultural de España (¡otra vez el Centro!).Tanto a Francis, como a muchos más, esta experiencia le marcó: Le amplió la visión de cómo considerar las cosas; de hacer arte experimentando y asimilando sensaciones inéditas para llevar adelante su trabajo actoral, y, más todavía, a CONCEPTUALIZAR las cosas. Y esto último lo extrapoló, posteriormente, a su quehacer performático. A partir de la mencionada pieza Reality Show, él desarrolla una serie de piezas visualmente hermosas pero que demandan del espectador voluntad para ver el cuerpo del artista sometido a situaciones nada placenteras. Duras, sí, ya que hablan de pérdidas y de carencias, pero en las que se vislumbra siempre una esperanza de curación de las heridas.

De entre todos los artistas que se perfilan en la década de 2000, no es posible dejar de mencionar a cuatro de ellos, por la calidad y constancia en su trabajo: David Pérez Karmadavis, quien inicia su incursión en la disciplina, articulando unas piezas de un fuerte y comprometido sentido social, tocando en gran parte de su obra el asunto de las relaciones domínico-haitianas; Fermín Ceballos (a quien nos gustaría ver accionar con más frecuencia), con piezas donde se pone a prueba su resistencia física, en pro de comunicar una verdad; Sayuri Guzmán, con una variada gama de temas, los que aborda y resuelve de una manera aguda; Lina Aybar, artista de una exquisitez formal en sus piezas, y que encierran un contenido que le toca, tanto el alma como el cerebro, al espectador.

Por igual, encontramos en la ciudad, artistas que desarrollan sus piezas con marcados tintes teatrales, llegando a la creación de personajes que llevan hacia delante lo que se quiere comunicar. Citamos aquí algunos de los trabajos de los teatristas Víctor Datt y Hamlet Bodden. Algunos de la nueva camada de jóvenes poetas y literatos se han involucrado, también, en la creación de acciones performáticas, en la línea de lo teatral. Citamos entre estos a Alexéi Tellerías. Polibio Díaz, fotógrafo de larga data, por su parte, le ha dado por jugar al performance de un modo que satisface también el paladar de los asistentes, que de meros observadores pasan a ser agradecidos comensales, con sus piezas que giran en torno a la comida. Mientras, José Pión, sigue experimentando con sus grabaciones y mezcla de sonidos, a los que agrega ahora efectos de luces.

Son muchos más, realmente, los artistas y estudiantes que se sienten movidos por expresarse a través de este medio, y que tienen, al igual que los mencionados en este texto, la responsabilidad de continuar enarbolando el hecho de que el Performance dejó ya de ser el Patico Feo. Sólo me resta pedir a los estudiosos e investigadores que aporten sus fichas, las apropiadas, las que encajan, y que permitirán, pues, armar el rompecabezas.

Finalmente, sólo mencionaré el nombre de una ficha a la que debemos prestar atención en lo futuro: Nancy Vizcaíno.

Señores, que la imaginación sea su límite, pero el conocimiento e investigación, la zapata.

¡Buenos días!

                                                                                                                        Jochi Muñoz