Este nombre está tomado de una frase de una carta escrita por mi abuela materna, Nidia Isabel, desde Matanzas, Rep. Dominicana, en fecha 8 de agosto de 1916, a su entonces novio (y posterior esposo), Fernando Eduardo, donde le da cuenta de su placer de haber visto el mar por vez primera.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Un trago a la roca
jueves, 5 de mayo de 2011
70% de Lina Aybar
Por Jochi Muñoz
El 22 de marzo de cada año se celebra el Día Mundial del Agua, por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que data de 1992. En el año en curso, la artista dominicana Lina Aybar se unió a las celebraciones, al presentar, en el día señalado, el performance 70%, en el Parque Colón, de la ciudad de Santo Domingo.
El título de la pieza, 70%, hace alusión al porcentaje de agua que tiene el planeta, y, también, el cuerpo humano. Sin espíritu panfletario ni de arenga política, Aybar articuló una elegante pieza en la que el agua, por supuesto, era el punto focal, tal y como ocurrió también en otra pieza anterior, Se-quedad, con la que aquella forma un díptico.
Se-quedad, fue incluida en la exposición colectiva Agua, 17 artistas contemporáneos, curada por Fernando Varela y Clara Caminero, inaugurada el 15 de abril de 2009, en el Museo de Arte Moderno, de Santo Domingo, y que en la actualidad está siendo expuesta en varias ciudades de Ecuador, y con planes de hacerla girar por otros países latinoamericanos. Previo a la realización de esta pieza, la artista estuvo 48 horas sin ingerir líquido, y su performance, en la noche inaugural de la expo, consistió, justamente, en hidratarse. Aybar, de pie, con la cabeza hacia atrás y con la boca abierta, recibió en ésta, por espacio de hora y media, gotas de agua de un recipiente que pendía sobre su cabeza. La documentación en video de la pieza es la que está siendo expuesta en el periplo de la exposición.
En 70 %, por su parte, la artista se sentó ante una mesa, en la que estaban dispuestos ocho vasos de cristal y un jarrón contentivo de 64 onzas de agua, la que la artista fue sirviendo en cada vaso (8 onzas) y tomando, hasta completar la meta de ingerir los ocho vasos de agua que se recomiendan diariamente. Al cabo de esto, Aybar se puso de pie y se alejó de la mesa.
En Se-quedad Aybar habla de la escasez del líquido a que están sometidas grandes porciones del planeta, y que se irá incrementando de no acatarse las medidas pertinentes; y, en 70%, por su parte, de cómo un bien puede tornarse en contra, si no es adecuadamente dosificado al emplear el mismo.
En ambas piezas se parte, como hemos señalado, de la demanda vital del agua, y, en ambas, tuvo la artista que someterse a una situación de incomodidad, o más bien, displacer, para que las acciones en cuestión pudieran ser tales. En la primera, obró por carencia, y, en la segunda, en cambio, obró por exceso del (frase cliché) “preciado líquido”, en su propio cuerpo.
Tal y como señalara en otra ocasión, en los performances de Aybar la acción o resultado final recae directamente, no sobre los otros o sobre el medio ambiente, sino, sobre su cuerpo, el que se constituye en cáliz, en receptáculo donde se contiene el resultado de la acción planteada y realizada.
A propósito de esto, la propuesta formal de 70% entronca con otra pieza de la artista, DES-ACCIONADA, presentada el 5 de abril de 2008, en la clausura del taller El Arte de la Acción. Unión de Arte y Vida, impartido por el mexicano Pancho López, en el Museo de la Cerámica Contemporánea, en Santo Domingo, y coordinado por Arte-estudio. En esta pieza, Aybar ingería 44 ciruelas pasas.
En estos performances la artista procedió con similar ritualidad al beber, en uno, y al comer, en el otro. Vestida de blanco en las dos ocasiones, con total concentración y limpieza en la ejecución de los movimientos, su cuerpo era la caja de contención de lo tomado o comido, y en ambos casos, en cantidades que, sin dudas, iban a desatar reacciones fisiológicas ante las ingestas realizadas.
Lina Aybar es una artista que corre riesgos, tanto físicos como emocionales, al plantearse sus propuestas, cuyas realizaciones podríamos, salvando las diferencias, comparar a una pieza de ballet, en el sentido de la limpieza, de la pulcritud, del placer estético que deviene de su simple observación; de ese hacer cosas que parecen fáciles y sin mayores tropiezos.
Si bien es cierto que muchos artistas -Lina entre ellos- realizan piezas apoyándose en lo cotidia-
no, en lo inmediato, no es menos cierto que si hurgamos un poco nos daremos cuenta de que detrás de lo presentado –de esa obviedad-, hay todo un mar de implicaciones que, si tratamos de descifrar, nos harán, de una forma u otra, darnos cuenta que en nuestro interior anida, también, un mar similar.
(Fotos: Jochi Muñoz)
29 de marzo de 2011
viernes, 23 de octubre de 2009
44 ciruelas pasas, 6 platos blancos y una artista: Lina Aybar, De-accionada
Acción esa que es la vía por donde corre el discurso habitual de Lina: el cuestionamiento de su condición y situación como mujer. Pero una mirada más atenta revelaría que ese discurso es susceptible de ser extendido al ser humano en general, ya que la sociedad en la que estamos inmersos nos hace sentir, a todos por igual, su peso, y va modelando a un individuo a la imagen y semejanza del montón. Pero la artista, dotada de una sensibilidad particular, da su voz de alarma, y disiente de todo aquello que represente un escollo para el desarrollo del ser humano
Recordemos, a propósito, algunas de sus piezas: El color de la vida (2006), estuvo por dos días dentro de una habitación, pintando de negro techo, paredes y suelo; en Hecha tiras (2006), la artista, vendada y descalza, deambulaba por calles de la ciudad colonial, mientras circulaban unas tijera con las que todo aquel que lo deseaba, le fue cortando la ropa; en +cara (2007), sentada en una concurrida calle, ella se maquillaba y desmaquillaba constantemente. Lo que es un acto “natural” que se lleva a cabo diariamente por imperativo social, es transgredido por la artista en esta pieza; en ¿Quién decide? (2007), sólo llevaba como indumentaria etiquetas adheridas a su cuerpo, en las que estaban escritos calificativos (positivos y negativos) que se les asignan a la mujer, y que la artista, parada inmóvil, estaba a la espera de que alguien se atreviera a desprenderle alguna.
Una pieza que cuando la vi se me antojó algo alejada de las antes citadas, sobre todo en lo conceptual, es Corazón de libélula (2007). Fue presentada en un centro de entretención social, el 14 de febrero, fecha en que se celebra el Día del amor y la amistad. La artista estaba parada en frente a una mesa preparada para un bufet, de la cual tomaba un plato en el que, valiéndose de un dispensador de sirope de chocolate, dibujaba una libélula. Acto seguido, extendía sus brazos ofreciendo el plato a quien deseara tomarlo. Así lo hizo con docenas de platos dispuestos para esto.
En esta pieza el cuerpo de la artista no se constituye en cáliz donde se contiene el resultado de la acción, sino que él es el ejecutor de algo que se comparte con el público, ya que la presencia y participación de éste es imprescindible para que la obra pueda ser. Además, la artista no trataba su acostumbrado tema sobre su condición de mujer. En su momento, me llegué a platear la disyuntiva: o esta pieza es un alto en el discurso habitual de la obra de la artista (haciendo algo diferente a lo que normalmente realiza), para retomarlo luego; o constituye un cambio de dirección radical en el modo de abordarlo. Me dije que el tiempo nos diría qué derrotero seguirían los trabajos futuros de esta artista.
Una última pieza a la que deseo referirme es De-accionada (2008), en la que Lina vuelve a trabajar sobre su cuerpo, y de la que tomo el nombre de ciertos elementos empleados en la misma para conformar el título del presente escrito. Así, Lina volvió a sorprendernos la tarde del 5 de abril del año en curso, con la propuesta mencionada, que realizara durante el cierre del taller El Arte de la Acción. Unión de Arte y Vida, impartido por el mexicano Pancho López, en el Museo de la Cerámica Contemporánea, y coordinado por Arte-estudio.
En esta pieza, la artista, llevando seis platos blancos, caminó hacia un extremo del salón, se sentó en el suelo y dispuso esos objetos en una línea. Procedió a escribir en los mismos la palabra ACCIÓN; una letra por plato, empleando para ello ciruelas pasas. En total, usó 44 de estas frutas secas. Realizó esta acción con la economía de movimientos que le es habitual.
A seguidas procedió a ir llevando a su boca, una a una las ciruelas, sin alterar el ritmo lento que empleara al escribir cada letra, e ingirió la totalidad de las mismas. Luego, recogió los platos y se retiró de la sala.
Lo primero que llamaba la atención de esta pieza, era, precisamente, ese modo parsimonioso y limpio con que ejecutaba la acción. Y desde la acción misma de llevarse la primera ciruela a la boca, se detonó un mar de posibilidades de “interpretar” lo que la artista estaba haciendo.
Toda la ritualidad del acto de escribir la palabra ACCIÓN y luego de borrarla al ingerir las frutas por parte de la artista (¿estábamos ante un acto de expurgación?), contrastaría radicalmente con las acciones fisiológicas posteriores desencadenadas en el interior de su cuerpo (¿otro modo de expurgación?), debido a las propiedades laxantes de esa fruta.
Sin dudas, los performances de Lina golpean, sacuden, desconciertan..., en definitiva, producen ese estado de desazón (que conduce a la inevitable reflexión) que todo artista anhela provocar, ya que esa desazón es un aval para la trascendencia de su obra.
La desazón que me produce la obra de esta artista me lleva a preguntar sobre cuál es su procedimiento de conceptuar y realizar una acción; qué peso tiene su formación en artes plásticas dentro de este proceso; qué influencias ha tenido de parte de otros artistas nacionales e internacionales; cómo resolvió los puntos de convergencia con quienes trataron temas similares; qué divergencias se encuentran; qué referentes posee en los varios campos del arte... En fin, que las dilucidaciones de estas reflexiones (usaré una frase cliché) quedan en el tintero, y podrían perfectamente conducir a la realización de un trabajo monográfico sobre el trabajo de esta artista, el que se iría engrosando con cada nueva pieza presentada, ya que, como hemos visto, en Lina Aybar encontramos a una paridora de desazones.
Santo Domingo, República Dominicana
Sábado 4 de octubre de 2008
Texto publicado en la Revista Lengua, no. 2, Oct.-Nov. 2008; pp. 61-67