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lunes, 9 de abril de 2012

«…aún la nave del olvido…» o la poética de la contundencia (o la contundencia de la belleza o la belleza de la contundencia)

La noche del viernes 2 de marzo del año de Nuestro Señor de 2012, quien subscribe visionó una epifanía. Una imagen bella por sí misma, bella por la acción que envolvía, bella por lo simple de ésta, bella por lo que aquella sugería, bella por lo que la acción misma callaba. En fin, una imagen y una acción bellas por su misma humanidad: Un hombre sentado en una silla deshojaba una flor, con lentos movimientos; luego, trataba de recomponerla pegando sus pétalos con coquí. ¡Es cuánto!

Tal sucedía en la azotea del Teatro Guloya,  durante la quinta  edición de Teatro por un tubo. La pieza, «…aún la nave del olvido…». La música, que enriquecía los sonidos de la noche, «La nave del olvido», en voz de Chavela Vargas. El accionante, el artista dominicano Francis Taylor.

Es Taylor un artista de una fina sensibilidad y de una capacidad envidiable para reflexionar sobre su entorno, y abrevar en él para conceptualizar sus piezas. De formación teatral, mostró siempre una capacidad crítica sobre el quehacer de la disciplina en nuestro medio. Dos hitos le marcaron de modo permanente. El primero, haber sido alumno de Manuel Chapuseaux, quien le formó bajo los lineamientos de Bertolt Brecht, llegando a ser miembro de la agrupación de teatro popular «Califé», ventana desde la cual pudo otear el horizonte de la realidad social dominicana, e insertarse en un modo de hacer teatro teniendo como materia prima el cuestionamiento de la misma. Corría el final de los años ´80 e inicio de los ´90. No ha de soslayarse que Francis proviene de una familia muy crítica de la situación política represiva de los años anteriores.

El segundo de los hitos, lo constituyó el haber participado en el primer Taller de Integración de las Artes Escénicas, en 1996, impartido por el director y gestor español Guillermo Heras, traído por el Centro Cultural de España. Amén de justipreciar toda su formación anterior, esta experiencia le amplió la visión de cómo considerar las cosas; de cómo hacer arte experimentando y asimilando sensaciones inéditas para llevar adelante su trabajo actoral, y, más todavía, de cómo conceptualizar con más rigor las cosas. Y esto último lo extrapoló, posteriormente, a su quehacer performático. Recordemos que Francis venía haciendo performances desde un par de años antes, pero tras el mencionado taller y tras lecturas y círculos de discusiones, él ha ido encausando su manera de hacerlo, hasta arribar al modo de proceder que hoy manifiesta.

Su sensibilidad social, aunque es tocada en sus piezas, de pleno la manifiesta en su trabajo de activismo en pro de la comunidad LGBT, y en su labor en una ONG, donde desarrolla proyectos de prevención de VIH en poblaciones vulnerables, coordinando, específicamente, el de usuarios de drogas. Algo a resaltar, es que Taylor al hacer activismo desarrolla una serie de actividades variopintas, que incluyen la animación teatral, pero deslindando esto de su trabajo artístico per se. Nunca se ha propuesto realizar artivismo.

En lo que respecta a su faceta artística, Taylor se ha planteado ser, a la vez, teatrista y artista del Performance Art, apreciándose en ambos medios, la misma sensibilidad artística, la misma estética, y, sobre todo, el mismo nivel de compromiso para con el arte y para consigo mismo. Posee una claridad meridiana de lo que son ambos medios, lo que le permite, a discreción, moverse libremente entre uno y otro, con la seguridad y la no ostentación que da el conocimiento (o que debería dar).

En su obra, teatral o de Performance Art, Francis plantea situaciones de su entorno personal, mirando cara a cara las cosas, desarmándolas, despojándolas de todo infundio de temor, y exorcizando de sí todo rastro de culpabilidad, purgando todo aquello que le impide realizarse plenamente como individuo, a la vez que asume la cuota de responsabilidad por lo que en un momento debió enfrentar. Él hace suyo lo expresado, en una oportunidad, por la performera guatemalteca Regina José Galindo: «Si el arte no sirve para curar, no me interesa».

Digna de mencionar son tres piezas, disímiles entre sí, pero en las que subyace la misma materia prima: su relación con su abuela materna y su empresa de expurgación. Cronológicamente, son: Deglución (2007), en la que tras leer un texto alusivo a lo tormentoso-amoroso de esa relación, procedía a ingerir, cortado en trocitos, el bolsillo de la última bata vestida por su difunta abuela.

La segunda de esa trilogía es Sashimi de Deus (2008), pieza más bien teatral, en la que habla del poder, de la autoridad, objetivada en la pieza en una conversación entre él y Dios, pero inspirada, realmente, en la convivencia con su abuela.

Finalmente, en Alfiletero (2009), realizada en el Museo del Chopo, en Ciudad México, quiso rendirle homenaje a su abuela, uniendo el elemento alfiler, propio del oficio de costurera de ella, y el deseo (nunca cumplido) de ésta de visitar México. Así, ante el público asistente, Francis fue sacando uno a uno alfileres, previamente clavados en su pecho a la altura de su corazón, como saldo de los resquemores de la relación abuela-nieto. ¡Un gesto de perdón y de amor más significativo no habría podido concebir!

Nunca como ahora cobra más sentido la frase «menos es más», aplicada a la obra de Taylor. En ella sólo encontramos lo indispensable. Nada de adornos superfluos, arabescos, ni explicaciones ni concesiones al público. Esto tanto al hacer teatro como al realizar sus piezas de Performance Art.

Eso quedó patente el día del ensayo general del citado evento de Teatro por un tubo, cuando un artista participante en otra de las piezas, emocionado, se acercó a Francis y le dijo que cómo él podía lograr decir tantas cosas con tan pocos recursos y acciones, refiriéndose a lo conciso y contundente de «…aún la nave del olvido…», y además, de una manera tan bella.


Y es que «…aún la nave del olvido…», amén de ser epifanía de una belleza formal que nos invita a su mera contemplación, nos inquieta, nos remueve cosas que quisiéramos quedaran tranquilitas, y nos lleva un poco más allá del consabido me quiere-no me quiere, que pudiéremos tener en una primera lectura. Nos plantea unas pistas que nos hacen seguir pensando en la imagen y buscando otras posibles lecturas de la misma. Se me antoja, de pronto, que toco fondo y que hago intentos desesperados por levantarme.


                                                                                                             Jochi Muñoz
                                                                                                      28 de marzo de 2012
                                                                                           Santo Domingo, Rep. Dominicana

(Texto y fotos: Jochi Muñoz)

http://puntoh.ning.com/profiles/blogs/a-n-la-nave-del-olvido-o-la-po-tica-de-la-contundencia-o-la

http://perrorabiosoblog.wordpress.com/2012/04/07/aun-la-nave-del-olvido-o-la-poetica-de-la-contundencia-o-la-contundencia-de-la-belleza-o-la-belleza-de-la-contundencia/

miércoles, 14 de marzo de 2012

En mi altar caben todos

                                  
El presente texto constituye un ejercicio que realicé en el Taller Autología del Performance, conducido por Josefina Báez, que consistía en que cada participante escribiera el párrafo más largo que pudiése (con sentido, naturalmente), y a partir del cual desarrollar ciertas acciones. Este taller se realizó del lunes 21 al viernes 25 de noviembre de 2011, coordinado por El Salón Grupo Curatorial, con el auspicio del Centro Cultural de España, en cuya sede se llevó a cabo la actividad.

Foto de familia de los participantes en el Taller Autología del Performance

Pina, Almodóvar y Bill Viola son tres imágenes que colocaría en mi personal y particular altar de artistas que admiro, siendo consciente del riesgo que corro de que el altar en cuestión se tambalee dado lo quisquilloso que podemos llegar a ser los humanos si tenemos que estar al lado, o cerca, de algunas personas que, por uno u otro motivo, preferiríamos tener a kilómetros de distancia, lo que, en el caso particular de mi altar, no será posible, dado que éste está contenido en un lugar pequeño en dimensiones físicas, pero inmenso en su capacidad de albergar a seres que hacen su arte con la verdad como estandarte: mi corazón, así que, las pinas, los almodóvares, los bill violas tendrán que estar con las marily gallardos, los fradiques, los bachs, los jiří kyliáns, los manuel chapuseauxs, las buikas, los eduardo villanuevas, los garcía lorcas, las sonia silvestres, los jorge pinedas, los francis taylors, los miguel hernández, las irmgard despradeles, etcééééééétera, no sólo juntos, sino, también…o más bien, reburujaos.

                                                                    Santo Domingo, 21 de noviembre de 2011
                                                                                                                 

jueves, 16 de junio de 2011

Abrir los ojos… cruzar la raya

Por Jochi Muñoz

El presente texto está incluído en el catálogo de la pieza SMOG, de Awilda Polanco, presentada los días 3 y 4 de diciembre de 2010, en el Laboratorio Evolutivo de Arte Contemporáneo, con el auspicio de cre@ programa de apoyo a la creación y promoción artística, de la Embajada de España en República Dominicana y del Centro Cultural de España en Santo Domingo. La misma será presentada de nuevo en el VII Festival Internacional de Teatro Santo Domingo 2011 (FITE 2011), los días 24 y 25 de junio de 2011.

                                                                       
Lo que recuerdo de Awilda Polanco en sus días de inicio en la danza, era (y sigue siéndolo) la enorme carga de energía que imprimía a cada uno de sus movimientos. Era un torbellino al que había que contener en algún recipiente aún no inventado.

Su primer papel solista, en la pieza Laberinto de ilusiones  (1997), de la profesora y coreógrafa María Luisa Valdez, nos mostró a una Awilda aún no madura del todo para asumir la pieza, pero a la que tomó por los cuernos, saliendo airosa en base a su empeño y tesón.

Ese binomio energía al moverse - tesón en lo que emprendía caracterizaría a la Awilda de los años subsiguientes. Mas, un tercer componente matizaría al binomio: su capacidad de espera. 

Awilda Polanco ha sabido esperar el momento preciso para hacer cada cosa, y SMOG es un ejemplo de ello.

Previo al arribo a SMOG, esta artista se enfrentó con entrega a años de entrenamiento personal, a impartir clases, a coreografiar, a dirigir el “Grupo de Danza del INTEC”, a asumir la dirección de la antigua academia “Ritmos, espacio de danza”, rebautizada como “Ecos, espacio de danza”; a fundar, junto con Cecilia Camino, la compañía “Blo a Blo danza contemporánea”; a participar en festivales nacionales e internacionales; y, a través del tiempo, a pensar, a reflexionar, a contrastar criterios en torno al fenómeno de la danza.

Y en 2008, se le presenta una oportunidad de oro: es seleccionada para participar en  La Habana la I Bienal de Danza del Caribe, organizada por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, con la colaboración de la Fundación Brownstone, la Red Sudamericana de Danza, la Asociación Cultures France y la Embajada de Francia en Cuba.

En ese evento logra el primer premio en la categoría de coreografía de grupo, con la pieza Exclamaciones (firmada en conjunto con Cecilia Camino), lo que le permitió ponerse en la mira de otros artistas, directores y gestores. Así, es invitada a participar en el proyecto coLABoratorio 2009, Río de Janeiro-BR,  donde realizó cinco residencias con sendos artistas: Tamara Cubas, de Uruguay; Boyzie Cekwana, de Sudáfrica; Denise Stutz, de Brasil; Zeynep Gunsur, de Turquía y Rob List, de Holanda.

Simultáneamente,  se estaba desarrollando, también en Río, el Festival Panorama de Dança, cuyos organizadores invitaron a los artistas más destacados de las mencionadas residencias para realizar una nueva, en el Teatro Cacilda Becker, y, ¡vaya sorpresa!, entre los seleccionados estaba Awilda Polanco.
                                
Los intercambios sostenidos con los demás artistas participantes en los eventos en Río, le permitieron a Polanco constatar, de modo rotundo, algo con lo que venía lidiando desde hacía algún tiempo, y que asumía con cierto comedimiento: el hecho de que no basta que el bailarín solamente se mueva, sino, que, en cambio, debe accionar, esto es, producir sentido con lo que hace, aparejado con el acto de reflexionar. Así, tuvo la artista que avenirse con el manejo de los conceptos movimiento per se - acción con significado para preparar los trabajos que debía presentar al final de cada residencia y en el Festival.


Durante esos meses, su propuesta se orienta (ella, la propuesta), por caminos que trascienden el mero ejercicio de movimiento, las meras secuencias coreográficas. Traspasa las fronteras de la danza, dando, así, cabida a cualquier recurso que le coadyuve en su propósito, llegando a coquetear, y luego a incorporar, un medio ajeno a la danza, y hasta ese momento inexplorado por la artista: el video.

Así, cámara en mano, empieza a grabar cosas y cosas de su entorno, y más aún, a grabar su propio cuerpo, lo que le permite redescubrir éste, a través de las diferentes perspectivas en que lo capta. Mediante estas imágenes, gusta de apreciar la belleza de ese cuerpo, de su color. Se da cuenta de la necesidad de hablar con más determinación del cúmulo de verdades contenidas en el mismo: su condición de mujer negra caribeña.

Y titula con el nombre de SMOG  los resultados de esas búsquedas, en alusión a los velos que cubrían su ser interior, formados por esas verdades a medias; por los eufemismos dichos por otros en el pasado para que ella no se sintiera mal; por esas líneas (rayas, fronteras) trazadas y que ella no se atrevía a cruzar. En fin, por esos repliegues del ser a que es sometida la mujer, más, si es negra, más, si es caribeña.

El proyecto SMOG (work in progress) presentado en Brasil incluía danza, videos y acciones performáticas. Uno de los videos, Caída, es seleccionado, en 2010, para participar en la Muestra Internacional de Videodanza, Dança em Foco, Río de Janeiro-BR.

Como pieza en proceso que es, SMOG sigue siendo abonado por su creadora aquí en el país, quien se ha interesado por colaborar con artistas de otras disciplinas, y así, arribamos al SMOG que nos presenta Awilda Polanco, los días 3 y 4 de diciembre de 2010, en los espacios del Laboratorio Evolutivo de Arte Contemporáneo, en Santo Domingo.


Patricia Grassals, José Pión y Citlally Miranda aportan sus puntos de vista en torno al concepto de Polanco, enriqueciéndolo con elementos que, amén de sustentar a aquel, les plantearán al público entrar en un espacio donde puede primar el desconcierto, la  extrañeza, la incredulidad…, con miras a que lleguen a una reflexión posterior de lo que allí, más que simplemente visto, será experimentado. Es oportuno señalar que tanto Pión como Miranda intervienen en tiempo real, a la par de las evoluciones desarrolladas por la artista.

La propuesta de vestuario de Grassals avanza durante la pieza por acumulación, hasta llegar a un punto de sofisticación que convierte, no sólo al traje que viste Awilda, sino también a la mujer misma, en una caricatura de sí. Esto tiene como contraparte tanto el texto que se escucha en off, dicho por Rosanna Sierra, como el video realizado por Miranda, donde las distorsionadas y fragmentadas imágenes de Awilda, nos hablan de un malestar íntimo, de una desazón de su ser interior sojuzgado, deseoso de escapar, o, por lo menos, de espantar esas pautas que se les han impuesto o se les quieren mantener.

José Pión, artista del arte sonoro,  encamina sus aportes en una dirección que subrayan, en ocasiones, las acciones de Polanco, o se presentan con personalidad propia, en otras, pero, en todo caso, creando el clima apropiado para el proyecto, y enlazando cada parte del mismo.

En su accionar, Awilda “juega” con muñecas; “juega” a fragmentarlas; “juega” a fragmentarse; se enfrenta a líneas que les impiden el paso, que les cierran caminos…, se debate en si sortearlas o no sortearlas. Líneas esas que les desvelan un dolor; consciencia del mismo; del porqué de ciertos silencios; del porqué de otras líneas; del porqué de ciertos fragmentos. Surge la Mujer Maravilla como modelo a seguir, la que puede saltar y emprender el vuelo. Awilda desea emularla, mas, no puede, porque las sempiternas líneas, esta vez sobre su cabeza, apenas le permiten levantar un brazo; despegar en vuelo, ni pensarlo.


Con el proyecto SMOG, esta artista eleva su voz para hablar de su identidad racial, sin importarle que otras tantas lo hayan hecho ya; lo que sí importa es que es ella, Awilda Polanco, quien ahora lo hace, y quien, al hacerlo, señala el norte que ha de seguir su trabajo en lo futuro. Muestra un interés en hablar abiertamente de lo que, por años, mantuvo a raya en su interior; en visibilizar su estado, porque, de no hacerlo, seguiría como si el mismo no existiera. La artista pretende que lo personal se coloque, se exponga, se diga… como algo que toque a la colectividad.

Con esta pieza, Awilda Polanco asume un compromiso con ella misma. Ya no la  visualizamos coreografiando una piececita de algunos minutos para salir del paso y participar en tal o cual evento. No, con SMOG, Polanco abre sus ojos a su realidad y pasa la raya, y asume su condición de mujer, de negra y de caribeña, lo que, sin dudas, ha de filtrar los futuros temas a tratar en sus piezas venideras.

A nosotros, como público, sólo nos queda abrir nuestros ojos también, para ver, para dejarnos tocar, para sentir…, en fin,  para poner nuestra percepción en función de lo que ella nos ofrece, y luego reflexionar sobre la experiencia vivida. Esto es, poner nuestra percepción sobre la raya, y el paso para pasarla.

                                                                 30 de noviembre de 2010
                                                          Santo Domingo, Rep. Dominicana

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sábado, 5 de febrero de 2011

Relato

Por Jochi Muñoz


(El presente texto fue escrito durante el módulo “Antropología de la narración y su aplicación a los proyectos expositivos”, impartido por el Prof. Pedro Cabiya, dentro del taller YO, CURADOR, ofrecido por el Centro de Cultural de España, Santo Domingo, Rep. Dominicana.)

Verónica entra a la casa de Jorge y lo encuentra en la terraza. Éste emplea la rutinaria forma amorosa de saludarla, mientras, ella guarda silencio y le entrega un sobre manila. Él lo toma y mira el contenido, y, asombrado, no sabe qué decir. Sin mediar palabras, Verónica le dispara justo en el corazón. Con parsimonia, recoge lo visto por Jorge y lo guarda en el sobre. Sale de la casa.

Durante horas Verónica deambuló por la ciudad hasta que, finalmente, decidió ir a casa de Jorge y enfrentarlo a la cruel verdad. Esa verdad contenida en las fotos que el Sr. Báez, investigador privado, le había suministrado. En ellas aparece Jorge, su amado Jorge, su novio adorado, en brazos de otra mujer. Entró a una armería. Luego, se dirigió a la casa del amado.

Una vez que Verónica sale de la casa de Jorge, va directamente a la oficina donde trabaja la mujer a entregarle el sobre. Cuando la mujer la ve llegar, exclama: ¡Vero, hija querida! Verónica, impertérrita, le entrega el sobre y le da la espalda. Sale de la oficina.


3 de febrero de 2011
Santo Domingo, Rep. Dominicana

domingo, 21 de febrero de 2010

Clemente Padín o El caballero andante del performance y la poesía experimental

Por Jochi Muñoz
Hace un mes que Clemente Padín estuvo en esta ciudad de Santo Domingo, y todavía persiste la sensación de placer de haberle conocido. Estuvo agotando una serie de actividades que incluían una exposición con motivo a sus 40 años en el arte acción, una conferencia, la realización de un performance, un taller sobre Poesía experimental, y una sesión de lectura de poesía visual. Ambicioso programa, que de haber sido menos cargado hubiera sido más provechoso, ya que se le hubiera dedicado más tiempo al aspecto práctico del taller, pero, en todo caso, fue una fiesta, una brillante fiesta, ya que a los interesados nos permitió abrevar de viva voz de las experiencias de un maestro latinoamericano del arte.

Arte-estudio, grupo dominicano de gestión de las artes visuales, conformado por la artista Sayuri Guzmán y la curadora Clara Caminero, se involucró en la empresa de traer al maestro, con el respaldo del Centro Cultural de España (CCE), brindándonos así la oportunidad de conocer y departir con uno de los grandes artistas de la vieja guardia que aún se mantiene activo.

La primera actividad del programa fue la inauguración de la exposición Clemente Padín, 40 años de performance, intervenciones urbanas y poesía visual, efectuada el 15 de enero, en la sede del citado centro, curada por Guzmán y Caminero. Valga resaltar que la ciudad de Santo Domingo fue el primer punto de un largo periplo que recorrerá la exposición, visitando diferentes países de América y Europa.

Durante el taller de Poesía experimental, desarrollado del 18 al 20 de enero, muchos de nosotros por fin pudimos vivenciar cosas de las que teníamos referencias de oídas o que conocíamos a través de libros, y que en boca de Padín se redimensionaron. El maestro ofreció un recuento evolutivo de la poesía experimental, visionando y explicando los conceptos de poesía visual, sonora y performática, a través de las obras de los más importantes creadores. El taller culminó con la realización de trabajos por parte de los talleristas, que fueron expuestos en la sala Zona Cero, del CCE, durante dos semanas.

El 19 de enero, Padín impartió también una conferencia abierta al público, que entroncaba con la exposición, ya que ambas hacían referencia a su trayectoria de cuatro décadas en los campos del performance y de la poesía visual. Tras la conferencia, el artista realizó un performance clásico (como el mismo lo llamó), al modo como se realizaban en los años 70.

Parte de los talleristas

De pie, de izq. a derecha: Francis Taylor, Luz Bautista, Awilda Polanco, Lina Aybar, Clara Caminero (organizadora), Jenniffer Rodríguez, Iris Pérez, Nancy Vizcaíno, Luis Reynaldo Pérez y Sayuri Guzmán (organizadora). Sentados, de izq. a derecha: Jochi Muñoz, Clemente Padín, Alexei Tellerías, ¿? y Samuel Gregoire.

Clemente Padín, Licenciado en Letras, poeta experimental, artista y diseñador gráfico, artecorreísta, performero, curador, videasta y networker; con una carga impresionante de exposiciones de su obra, y otras tantas por él curada, se nos reveló como un hombre conocedor de su oficio, como un ser sensible, como una persona motivadora y como un convencido de que para lograr una obra con sustancia es necesario…imprescindible el leer. Leer, reflexionar para que con el tiempo el quehacer artístico devenga en una obra de madurez rotunda.

Tras 40 años batallando, Padín continua realizando performance, impartiendo talleres y dictando conferencias, entre otras actividades. Destaca en su oficio su claridad conceptual, su entrega y su amor a lo que hace, y en lo personal, sus dotes de caballero. Tras su retorno a su tierra natal, Uruguay, deja entre los talleristas un sentimiento de admiración y gratitud.

Santo Domingo, Rep. Dominicana
Sábado 20 de febrero de 2010